ESPAÑA DE QUIJOTES

Don Quijote, don Juan y la Celestina. Son los tres mitos que definen la literatura castellana de cabo a rabo. O lo que es lo mismo, la locura, el amor y el engaño. Es decir, el carácter español de quienes habitamos la piel de toro de nuestra nación. Hay más mitos y muchos otros caracteres, pero todos los que son, están en estos tres.

Aunque han pasado varios siglos desde que Cervantes, Zorrilla y Rojas definieran el perfil de sus personajes, no sé de nadie que a día de hoy no se reconozca en algún aspecto de ellos o conozca a personas caracterizadas por la locura, el amor o la mentira. Puede que sea ese el motivo que les defina como auténticos mitos de la literatura (o mitos de la actitud española ante la vida, que también puede ser).

En el fondo, don Quijote, don Juan y la Celestina no son malas personas. Del mismo modo que no son malas personas los “quijotes, juanes y celestinas” de carne y hueso. Tanto unos como otros son personajes que imitan una vida de ficción dentro de una realidad en la que también habitamos usted y yo.

Los motivos que subyacen las acciones de los mitos más célebres de la literatura en castellano son obra y gracia de su creador. A veces son héroes, en contadísimas ocasiones, y miserables en muchas otras. Y como en todo buen relato que se precie de serlo, el personaje acaba tomando las riendas de su propia narración vital.

No sé si ustedes tienen hijos, pero a ellos les pasa lo mismo que a los personajes de las historias que nacen de las mentes creativas de los autores literarios. Por mucho hincapié que pongan los padres en guiarles por un camino en concreto, cada uno terminará decidiéndose por la locura, por el amor o por el engaño. Lo harán cuando ellos decidan hacerlo o cuando las circunstancias lo requieran. Y si no, tiempo al tiempo. Este modo de comportamiento de los hijos es la prueba fehaciente de su carácter netamente español y que, por consiguiente, van camino de convertirse en mitos.

Seguro que, como padre o madre, algo de usted mismo reconocerá en ellos. Quizá sea la manera de superar las dificultades, o el modo de afrontar las decepciones, o cómo plantan cara al fracaso o al éxito, o su comportamiento en público o ante personas de género distinto al suyo. Esta es la forma en la que, como progenitores, verán reconocida su consanguinidad, la educación aprendida en casa o lo que les han visto hacer o decir a ustedes durante el tiempo que vivieron bajo el mismo techo. Es decir, la herencia recibida, que pasará entonces a ser el legado patriarcal o matriarcal para el resto de sus vidas.

Será en esos momentos decisivos cuando veamos si cada uno de nosotros está a la altura del ingenio de Miguel de Cervantes, José Zorrilla o Fernando de Rojas, quienes, además de ser padres de los mitos de la literatura en castellano, son también un poco padres de todos nosotros.

Por eso, nada mejor que releer el Quijote, don Juan Tenorio y La Celestina para aprender si lo que estamos enseñando a nuestros hijos es el tipo correcto de vida que necesitan, o sólo una ficción sin arte literario alguno.

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