EYACULACIÓN PRECOZ

“Me corro a toda hostia”. No lo digo yo. Lo he leído en un anuncio por palabras en la sección de contactos de las últimas páginas de uno de los periódicos de mi pequeña capital de provincias.

Desconozco si el anunciante tiene prisa por iniciar una relación sentimental o si desea iniciar otra cosa distinta para terminarla cuanto antes. Lo que está claro es que, en este caso, lo que mal ha empezado, acabará peor (y apresuradamente).

Volviendo a leer en detalle el texto del anuncio, tampoco sé con certeza el tipo de relación emocional que se pretende con semejante frase. Aunque las únicas 5 palabras que emplea para hallar a su media naranja, delatan que, además de urgencia por llegar al orgasmo, tiene tan poca educación como dinero, ya que el número mínimo de palabras exigido por el departamento comercial del periódico para inscribir un anuncio es justamente de 5 palabras.

Resulta evidente que logra llamar la atención. Al menos, ha captado la mía. No es que desee contactar telefónicamente (nada más lejos de mi intención). Tampoco pretendo dar lecciones a nadie sobre las formas del arte amatorio (allá cada cual). Lo que sí ha funcionado conmigo es la capacidad que posee la vulgaridad para llamar la atención por encima de la corrección lingüística.

El caso del anuncio por palabras de quien proclama “correrse a toda hostia” no es el primer caso de vulgaridad verbal en un medio de comunicación de masas, ni el único. Basta con encender la televisión y hacer zapping para cerciorarse de la ingente cantidad de personas que usan un lenguaje zafio para mostrar su opinión sobre cuestiones de relevancia, o para responder preguntas periodísticas, o simplemente para anunciar un detergente.

Puede que sea por eso por lo que hace dos años desconecté la televisión y me pasé a la prensa escrita. Qué iluso de mí. Pensé que en los periódicos habría menos mediocridad, pero estaba equivocado. Donde haya un ser humano dispuesto a demandar la máxima atención del mayor número posible de semejantes, estará acompañado de ingentes dosis de adocenamiento.

Si nunca he pretendido dar lecciones sobre artes amatorias, tampoco lo haré sobre corrección lingüística y menos sobre el comportamiento humano. Será por eso por lo que cada vez me encuentro más solo en este mundo donde en privado se impone lo políticamente correcto, y en público se es incorrecto en todo.

Por cierto, el título del artículo lo cambié en el último momento porque el anterior que escribí no me parecía lo suficientemente inapropiado para llamar la atención. Espero que el cambio haya funcionado con ustedes como funcionó conmigo el anuncio por palabras del hombre que se “corría a toda hostia”. Aunque pensándolo bien, puede que fuera una mujer quien lo envió al periódico. Llamaré para comprobarlo.

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