EL ODIO NOS HARÁ LIBRES

Internet está lleno de haters. Los haters son aquellos internautas que a falta de amor recibido, se vengan de la humanidad repartiendo odio a diestro y siniestro a través de foros en páginas web, en blogs y en diversas redes sociales (como esta misma red social que lee usted en este momento).
En el reparto equidistante de odio de los haters no hay distinciones entre izquierda y derecha, o arriba y abajo. Tanto unos como otros odian por igual. Los hay incluso que odian en distintas direcciones al mismo tiempo, pero en cantidad similar de desprecio.

Estoy plenamente convencido de que usted ha odiado a alguien o algo en un momento concreto de su vida, si es que no lo hace habitualmente varias veces a lo largo del día. Da lo mismo ser de una ideología que de otra, de un partido político con color corporativo azul que de otro con color morado, de un club de fútbol de quinta regional que de otro de primera división, o de un país francófono, angloparlante o hispano. Cuando se trata de odiar, no hay distingos que valgan. Tampoco de territorio geográfico, ni de lengua, ni de género, ni de número, ni de entorno laboral,  analógico o virtual.

El odio emisor es igual para un único individuo receptor, que para un colectivo, para una organización gubernamental que no gubernamental, para una persona heterosexual, pansexual, demisexual o asexual. No importa ser oriundo, foráneo, vecino o residente, ser de aquí o de Katmandú. El odio es odio, y punto.
En mi caso, he de admitir que odio muchas cosas y a muchas personas. Empezando por reconocer que ahora mismo le odio a usted. Le odio porque en lugar de estar leyendo este odioso artículo debería emplear su tiempo en enamorar a su mujer día sí y noche también. Y por eso le odio, porque si yo tuviera mujer a quien hacer el amor no perdería el tiempo en escribir este articulo (ni otros tantos que escribo semanalmente y a los que dedico mucho amor, pero por los que recibo poco sexo). Por eso, también me odio a mí mismo.
También odio a su mujer por seguir al lado de un hombre como usted que pierde el tiempo leyendo mis artículos en lugar de tener los ojos (y los dedos) puestos en otro lugar en vez de usarlos en teclear el ordenador para responderme: «Tienes toda la puta razón, ahora me odio a mí mismo y también te odio a ti por hacérmelo saber”.
Por este motivo, los haters abundan en Internet. Porque internet es el reflejo de lo que somos. A veces encuentras personas saludables (en pocas ocasiones) y casi siempre chocas de bruces con el odio ajeno, que es una forma camuflada de encubrir las carencias afectivas (o las sexuales, que también puede ser).
Ahí se lo dejo para que lo digieran y después regurgiten su ira en forma de comentario odioso. Prometo no tomármelo como algo personal. Todo quedará entre haters.

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