¿POR QUÉ FALLAN LOS CONDONES?

La letra pequeña del manual de instrucciones de uso que viene en las cajas de preservativos dice que hay un 10% de probabilidad de ineficacia. Es decir, que de cada diez veces que te lo pones, hay una vez que sirve de poco o de nada de nada. En definitiva, es como si no te lo pusieras.

Tampoco especifica en el manual, ni en el exterior de la caja, ni tan siquiera en el envoltorio individual, cuál de todos los preservativos es el que viene con tara de serie.

Como soy un hombre precavido a la par que inteligente, cada vez que adquiero en la farmacia una caja de preservativos de 10 unidades, tiro uno de ellos a la basura y así me garantizo el 100% de eficacia de los 9 restantes.

Mi novia actual no pone ningún reparo en hacer el amor con preservativo mientras un servidor cumpla con sus expectativas dentro de la cama (y fuera también). Ni ella desea quedarse embarazada ni yo quiero ejercer de padre a mis cuarenta y tantos. Aunque por mucho que ella desee lo que desea y yo no quiera lo que no quiero, los espermatozoides tienen capacidad de decisión propia y viven ajenos a los caprichos de su amo (o sea, yo). Hablando alto y claro, ellos hacen lo que les sale de los cojones (concretamente de los míos).

Su comportamiento innato está justificado: actúan así porque pueden permitírselo. A decir verdad, son superdotados incluso antes de la singamia. Y como prueba de ello, está la ineficacia de los preservativos en un 10%. Si después de ponerles una trampa de látex del perímetro del tamaño del miembro eréctil, son capaces de evadirla y alcanzar el útero, la existencia de vida inteligente en cada gota de esperma es más que evidente.

Además, por mucha competencia que haya entre ellos, siempre habrá uno que supere con creces la fortaleza física del resto para ponerse en cabeza y cruzar la línea de meta tras meter también la cabeza.

Como ejemplo, les pongo al nadador olímpico Michael Phelps. Todos nos preguntamos cómo es posible que Michael Phelps sea el mejor nadador de la historia (23 medallas olímpicas le avalan). La respuesta es sencilla. Lleva entrenando desde antes de venir al mundo. Phelps superó al resto de competidores espermatozoides nadando el primero directo al útero de su madre biológica. Después, con el paso de los meses, simplemente pasó de nadar en líquido amniótico a hacerlo en el agua de la piscina. Y con el transcurrir de los años, pasó a nadar en la abundancia de medallas olímpicas. El caso es que el chico lleva nadando a braza, a mariposa, a espalda y en todas las posturas del Kamasutra desde el dormitorio de sus padres hasta que decidió salir de la piscina en Río de Janeiro hace un par de años.

Esta es la razón por la cual me pongo condón a la hora de hacer el amor. En el caso de que haya un Michael Phelps en mi interior tengo que poner a prueba su vocación. Si después de usarlo, mi actual novia se queda embarazada, seguramente nacerá un Michael Phelps, o una Mireia Belmonte.

Y lo mejor de todo, es que de tanto follar estoy hecho un atleta.

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