SEGUNDA OPINIÓN, SEGUNDA PARTE

La semana pasada, una lectora brillante en todos los sentidos (sobre todo por tener luz propia), comentó en Facebook que, de ser cierto que una segunda opinión fuera mejor que la primera, un segundo artículo debería ser mejor que el primero que acababa de publicar.

Como soy más obediente que un burro, sobre todo cuando me ponen una zanahoria delante, he aceptado su reto de escribir un segundo artículo sobre el mismo tema. Y aquí van mis razones para argumentar que lo primero es único (incluso si hay segundas partes) y que las segundas partes son sólo prolongaciones de la primera (por ser parte de un todo).

Dicho así, de corrido, puede dar lugar a equivoco. Pero no lo es. Si en un primer momento, afirmé con rotundidad que una segunda parte es mejor que la primera, lo hice porque la segunda oportunidad permite la comparación con la primera, y viceversa. Por lo tanto, gracias a la existencia de una primera valoración, la segunda tiene razón de ser.

Por otro lado, la legitimidad de una segunda oportunidad (en el caso de producirse), pasa a ser única y al mismo tiempo primordial, por no decir prerrogativa. Por lo que se puede concluir que ambas, segunda y primera, son individuales e indivisibles a la vez (como las parejas de enamorados, que también son indivisibles e individuales en espacio y tiempo).

Si extrapolamos este profundo análisis al ámbito afectivo y emocional, se pude afirmar, que las segundas oportunidades constituyen el comienzo de un todo completamente diferente a otro todo anterior que nunca llegó a concluir definitivamente.

Espero que mi brillante lectora haya quedado satisfecha con la argumentación de este segundo artículo, que en realidad no es segundo, sino continuación del primero. Ambos son un todo. Cada uno tiene vida propia, al igual que juntos constituyen uno solo (como las parejas de enamorados, insisto).

Supongo que el amor en pareja también es así, hasta que el amor compartido se rompa de tanto usarlo. Después, ni nada ni nadie podrá unir los pedazos. Ni tan siquiera artículos como el de la semana pasada, en el que alababa la preeminencia de las segundas oportunidades.

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