ANCIANIDAD SOBREVENIDA

La edad es un marrón. Cualquier tipo de edad, quiero decir.
Me explico: el primer marrón nos llega nada más venir al mundo, en la sala de partos. Cuando apenas tienes minutos de edad, el doctor de turno te arrea un bofetón en el culo que te deja los dedos marcados, como si tu nalga fuera el freno de mano de un Ford Mondeo.
Según vas creciendo, el marrón de la edad es literal. Es decir, aún no controlas las emociones (se llora sin saber por qué marrón hay que llorar). Tampoco controlas el hambre (comes sin medida y sin saber cuándo fue la última vez que ingeriste alimento). Y por encima de todos los marrones (mejor dicho, por debajo), no controlas el esfínter y te vas pata’bajo cada 2 por 3 (que son 6) veces al día.
Del marrón de la infancia, saltamos al marrón de la pubertad. A esa edad, no sabes quién eres y te buscas a ti mismo (y a tu personalidad) en el cuarto de baño cerrado por dentro, con pestillo. Como en el interior no hay nadie más que tú, ya que tu personalidad va camino de erigirse por completo, uno se entretiene del modo más placentero posible. Aquí no voy a entrar en detalles, ya que todos hemos entrado al baño a esa edad con el cutis terso y hemos salido con la cara llena de granos (eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja y la personalidad más desarrollada).
Tras el marrón oscuro de la pubertad, en la universidad el marrón es de color claro. A esa edad, está claro que se liga y sobre todo, está claro que se folla, o te follan. Todo depende de dónde te pongas, cómo te pongas y las sustancias estupefaciente que uses para ponerte (a tono).
Una vez llegada la edad madura, los marrones no los pones tú, te caen por todos lados. Tu jefe te enmarrona con trabajo extra los fines de semana. Tu mujer te enmarrona a la suegra en vacaciones, tu marido con el fútbol a todo volumen a todas horas, y los hijos enmarronan los ahorros de la cuenta corriente (y con disgustos de todos los tamaños).
Y en el final de tus días, la ancianidad no es más que un cúmulo de marrones de toda clase, a la espera de que la marrón tierra nos cubra de la cabeza a los pies dentro de una caja de madera, también marrón.
Espero que disfruten de un placido domingo en soledad o rodeados de familia. Ambas cosas en domingo son un marronazo (especialmente si hay cuñados de por medio).

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