CONVENCERÉIS, PERO NO VENCERÉIS

El ser humano es ignorante por naturaleza. Con esta afirmación, no quiero decir que usted sea un ignorante (categóricamente hablando). Lo que estoy diciendo es que, en el preciso instante de venir al mundo, el ser humano no sabe nada de nada.

Tras nueve meses sumergidos en elemento líquido amniótico, salimos de cabeza a la superficie de la impericia, y la ignorancia comienza a ser el elemento en el que nadar libremente. Algunos lo hacen con verdadera soltura desde que abren los ojos. A otros, en cambio, nos cuesta más adaptarnos a la ignorancia que nos rodea.

Con el paso del tiempo, el empeño en contrarrestar la ignorancia innata se palía sin éxito con años de pedagogía escolar, años de adiestramiento bachiller, años de instrucción universitaria, por no mencionar los años de evangelización eclesiástica, independientemente de la religión que se profese o se desprecie.

Todo este esfuerzo en sacar a la humanidad de la ignorancia congénita, sólo sirve para terminar nadando nuevamente en otro líquido. A veces es ginebra, otras es whisky… para acabar la mayoría de las veces ahogado en un vaso de agua.

Vencer la ignorancia es una guerra sin fin que se gana batalla a batalla, día a día, noche tras noche y resaca tras resaca. La última vez que aprendí algo de la vida, no fue ni asistiendo como alumno a la escuela, ni en el instituto­­­ o como aplicado estudiante universitario. Me lo enseñó un camarero de Dublín en un pub irlandés de Malasaña donde estaba de Erasmus para sacarse unos euros durante su estancia en España. “Beer is the most widely consumed beverage in the world next to water. Everyone knows it”, me dijo el joven extranjero. Este dato lo desconocía personalmente, hasta que a la cuarta pinta, comenzó a tener sentido en mi cabeza y a darle sentido a mi vejiga.

“La ignorancia es el territorio de confort de la humanidad. Lo mejor de ser ignorante es que nadie sabe que lo eres, porque nadie es más ignorante ni más inteligente de lo que eres tú”, dijo nuevamente el camarero en un perfecto espanglish añadiendo frases desconocidas para mi intelecto al tiempo que también añadía otra pinta de cerveza a mi cuenta.

Lástima de mi ignorancia con los idiomas. Estoy plenamente convencido que de haber sabido inglés, hubiera aprendido mucho de sus palabras de sabio irlandés.

Salí del pub convencido de que era aún más listo de lo que había entrado, aunque completamente vencido por las seis pintas de Guinness. Todo un récord para un inculto de nacimiento que nada como pez en el agua de la ignorancia cotidiana más absoluta.

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