DE TÚ A TÚ

La degradación del respeto a través del tiempo también se muestra a través del lenguaje.

Hace décadas, la admiración por el prójimo se expresaba hablando de usted. Hoy, en cambio, los que hablan de tú no expresan admiración por nadie, porque ya nadie habla de usted a nadie.

Otro ejemplo del uso de lenguaje como expresión de degradación, se produce cuando escuchamos a una persona refiriéndose a sí misma usando la tercera persona del singular. Este truco (por definirlo de alguna manera comprensible para el ciudadano medio que es usted y que soy yo) refleja la alta autoestima de quien lo emplea y la baja imagen que proyecta cuando la práctica es ejecutada en público. Como ya nadie les llama de usted, eligen hablar de sus actos usando la tercera persona esperando la admiración que nunca llega (ni llegará).

Si es lector habitual de mis artículos dominicales, habrá apreciado que me dirijo a usted en los siguientes términos: siempre en primera persona (cuando hablo de mí) y siempre desde el respeto (cuando hablo de otro, otra, otros u otras).

Para empezar, lo hago porque fui educado en una época en la que había que ustedizar* a las personas mayores en edad, experiencia y sabiduría. Y en segundo lugar, porque usted tampoco sabe lo suficiente de mí (ni yo nada de usted) como para andar tuteándonos mutuamente como si tal cosa. Aunque no por ello vamos a faltarnos al respeto, o deje de admirar su fidelidad lectora cada domingo.

*No busquen en el diccionario la palabra “ustedizar”, es inventada.

Conocerá de sobra, como fiel lector que es (insisto), los múltiples alter-egos que protagonizan mis artículos dominicales. A veces ejerzo de cuarentón en plena crisis existencial. En otras ocasiones soy una mujer joven con henchida efervescencia creativa, o un gay orgulloso recordando tiempos mejores, o un enamorado que busca la expiación de sus errores afectivos, o incluso un animal doméstico abandonado a la intemperie por quien más ama a pesar del innombrable desprecio que significa dejarlo atado a un quitamiedos de carretera. Poco o nada de mí hay en cada personaje. Pero reciben mucho cariño por mi parte, como padre putativo que soy de todos y cada uno de ellos, a la vez que respeto y admiración a partes iguales.

Siempre respeto a quien admiro. Pero cuando se trata de dar y recibir amor, querida lectora (sí, ahora te hablo a ti), todo fue admirable hasta que empezamos a tutearnos. Fue entonces cuando me di cuenta de que nos habíamos perdido el respeto. Todo el mundo a nuestro alrededor envidiaba la confianza mutua depositada el uno en el otro. Pero pocos sabían que donde había confianza también hubo asco. Y el principio del fin de perdernos el respeto empezó por dejar de llamarnos de usted, o lo que es lo mismo, por cogernos confianza, que es igual que decir que te tengo un asco digno de admiración.

No tomes a mal lo que te digo, porque te lo digo desde el respeto más absoluto. O sea, con un respeto admirablemente despreciable.

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