USA LA IMAGINACIÓN

La última vez que usé la imaginación, me salió un esguince.  De la ocasión anterior, hace tanto tiempo que ya no lo recuerdo. Tendría que remontarme al siglo pasado, y a esa edad llamada infancia donde eres tan inocente que crees en la magia de los Reyes y no en la magia que hacen los padres cada día para poder llegar a fin de mes.

El motivo que provocó el esguince fue imaginar mi vida siendo feliz.
Demasiado poco te has hecho, me dijo Carmen, mi fisioterapeuta de cabecera, y de rodillera, tobillera, espaldera y de toda parte anatómica susceptible de añadir sufijo «era» cuando deja de «ser» lo que es. Tendrías que haber hecho estiramientos antes de imaginar ser feliz, volvió a decirme Carmen con conocimiento de causa y de las otras causas que derivaron en daño muscular.
Como mi imaginación vive por encima de mis posibilidades, estoy sometido a las leyes del mercado imaginativo. Es un mercado que se rige por los valores de la oferta y la demanda. Si la oferta de imaginación supera en más de tres puntos al valor de la demanda, el mercado se resiente y la imaginación se devalúa de modo inversamente proporcional al ascenso de la prima de riesgo y todos su familiares. Aún así, y poniendo en tela de juicio mi integridad mental durante la búsqueda de felicidad como si fuera el Santo Grial, no cejo en mi empresa de conseguirlo, aunque la empresa sea anónima y limitada al mismo tiempo.
Por eso, desde que mi fisioterapeuta Carmen me dijo que había que estirarse para ser feliz, voy dejando suculentas propinas en bares, restaurantes y cafeterías de mi pequeña capital castellana de provincias, y ayudo generosamente a diestro y siniestro cuando lo piden por la derecha o por la izquierda.
A pesar de seguir a pies juntillas la recomendación de Carmen, aún no percibo ninguna señal que indique lo feliz que soy (o debería ser). Aunque, por otro lado, comienzo a notar un incremento de popularidad en mi pequeña capital castellana de provincias. Todo el mundo sonríe a mi paso y me saluda efusivamente con cariño desmedido. Nadie especifica si es por otra cosa que no sea por el hecho de ir dejando propinas y ser generoso con todos. Por eso, sospecho sin temor a equivocarme que se trata únicamente por esa razón.

Mientras tanto, los días pasan y la felicidad sigue sin hacer acto de presencia. Ni está, ni se la espera.

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