BE THE FORCE WITH YOU

Hace tiempo que la fuerza dejó de acompañarme. Más bien, se quedó en el camino. O puede que ella siguiera su paso, y he sido yo quien haya dejado de caminar, no lo sé con certeza. «Son cosas de la edad», tal y como cantaba aquel grupo pijo de la movida madrileña en los años 80. Lo mismo me dicen en mi familia, donde a pesar de ser el menor en edad, soy el mayor en gastar mala hostia.

Con el paso del tiempo, la energía vital, la motivación y las ganas de todo pasan de largo, como también pasan de mí aquellos a quienes es imposible seguir el ritmo. Y hablando de seguir el ritmo, hay una mujer de muy buen ver que acude a diario a clases de Zumba al gimnasio. Lo sé porque la veo cuando yo voy y también cuando otros amigos van y después me dicen que también acude cuando van ellos. Supongo que asiste día sí y día también para estar en plena forma, que es lo mismo que decir que lo hace para retrasar el paso del tiempo o detener la vejez galopante que acosa cuando se superan los cuarenta y muchos (al menos, por ese motivo acudo yo y también mis amigos). La constancia de la mujer en asistir a clases de Zumba al gimnasio es una prueba fehaciente de que la fuerza acompaña a quien se esfuerza (de ahí el nombre: “es fuerza”) y abandona a quien se rinde, que es mi caso.

De niños nos aleccionaron diciendo aquello de «quien la sigue la consigue». Nunca supe a quien había que seguir, ni durante cuanto tiempo. Puede que por eso, a estas alturas de la vida y rondando el medio siglo de existencia, no deseo seguir a nadie (ni lo necesito). Aunque sí desearía saber si la mujer de las clases de Zumba es consciente de que la sigo, a pesar de no llevar su mismo ritmo, ni aproximarme a ella en ningún sentido (ni en el sentido físico ni en el figurado).

Como yo ya no estoy para recibir lecciones de nadie y menos para hacer esfuerzos de ninguna clase (y menos en clases de Zumba), voy a conformarme con seguir a la mujer que me gusta por Facebook. Y si la suerte me acompaña con fuerza, puede que consiga que me llame para concertar una cita para salir a tomar un café o ir juntos al cine. En el caso de que no sea así, siempre podré emplear mi tiempo viendo en soledad la trilogía de La guerra de las galaxias donde el tiempo transcurre sin mayor sobresalto que ver a Darth Wader ejerciendo de padre de familia por encima de sus posibilidades y anteponiendo los intereses de la fuerza a los suyos propios. Justo al revés de todo lo que yo hago.

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