TINDER SÍ, TINDER NO

La última vez que me concedieron un premio literario, un amigo seudoescritor me dijo que el mérito no era mío, sino del jurado por haber tomado una decisión que me favorecía a mí, pero que también podía haber favorecido a otro.

Desde que escuché aquella frase, no he vuelto a ganar ningún premio porque el que decidió no presentarse a ningún otro concurso fui yo. Tampoco me presento a ninguna entrevista por mucho que insistan los medios de comunicación en querer mostrar a su audiencia de dónde saco la inspiración para escribir artículos como este. Por no presentarme, no me presenté a la última cita con una mujer que decidió tirarme los tejos a través de una aplicación online que sirve precisamente para tirarse los tejos entre sus usuarios y acabar follando como si no hubiera un mañana.

Cuando el éxito de tu vida depende de las decisiones que toman los demás, nunca sabes si mereces lo que vales o si realmente vale para algo aquello que haces.

Supongo que el valor de un premio está en función de ser elegido con acierto por un jurado que vote a tu favor por el favor que les hiciste en un momento dado o por el favor que deberás devolverles si te hacen el favor de concederte el premio (vuelvan a leer la frase si no la comprendieron del todo).

Como odio pagar favores a quien no debo nada y tener que escribir para favorecer a quien no merece un favor, nunca estoy presente en ninguna lista de premiados, ni tampoco aparezco en la prensa diaria, ni mucho menos tengo orgasmos en la comodidad del colchón de la cama de ninguna mujer.

El anonimato es el mayor premio que ofrece la libertad, frente a la esclavitud que supone alimentar el ego siempre hambriento de popularidad mediocre e intrascendente. Por un lado, me siento el escritor más afortunado. Aunque por el otro, mi auténtico mérito como persona es llegar a fin de mes y cubrir el inmenso coste de una vida sin visibilidad mediática, ni analógica, ni digital.

En cambio, a mi amigo seudoescritor parece que le va muy bien. Él gana todos los concursos literarios a los que yo no me presento y sale en la tele y en la sección cultural de los periódicos un día sí y otro también. Supongo que además le irá muy bien con las mujeres, siempre y cuando se presente a las citas de todas las que conoce por Tinder. Y conociéndole como le conozco, no tendrá reparos en sustituir el reto de la hoja en blanco por el placer las sábanas blancas. Qué mundo.

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