¿EN QUÉ MOMENTO ABANDONAS TUS SUEÑOS?

Cuando era adolescente soñaba con ser director de cine. Los fines de semana, mientras mis amigos se iban de empalmada, yo empalmaba la sesión doble de los estrenos de Spielberg y Coppola, Scorsese con Kubrik, e incluso Almodóvar con Woody Allen.

Cada día alquilaba un VHS de clásicos en blanco y negro. A veces era Billy Wilder y otras Willian Wyler. Otras Welles, Capra o Laughton (aunque sólo dirigiera una película en su vida, pero vaya peliculón). De todos y cada uno de ellos aprendí algo. Construí mi sueño de director a base de ladrillos de cintas de video VHS y lo alicataba con cientos de CDs de videoclub. Mi habitación de juventud estaba decorada con los pósters de Blade Runner, La guerra de las Galáxias y Érase una vez en América.

Pero en un momento dado, el guión de mis días dio un giro narrativo y el sueño acabó en fundido a negro. No sé si el cine me abandonó a mí o fui yo quien pasó a otra escena olvidando ser el protagonista de mi propia vida para convertirme en un figurante sin frase. Ya no recuerdo la última vez que me acomodé en la butaca de un cine, ni tampoco recuerdo el título de la última película que vi en la tele. Por no recordar, no recuerdo el nombre de ningún director nacido después del año en el que nací yo.
Esta mañana, al mirarme al espejo, me he preguntado a mí mismo en qué momento abandoné mi sueño de ser director de cine. Detrás de mí, estaba Travis Bickle apuntándome con una pistola y me decía: «Are you talkin’ to me?»

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