DESPEDIDA DE SOLTERO

Además de transformar litros de agua mineral en vino de cosecha y multiplicar panes y peces, Jesucristo demostró su pasión por la gastronomía al crear el concepto “cenas de empresa”. De hecho, la primera cena de empresa que organizó la inventó Él (bueno, en su caso personal fue la primera y la última).

La idea de compartir menú junto al organigrama empresarial un día al año ha ido cuajando a lo largo de los siglos. Aunque en principio el evento se celebraba en primavera, finalmente se decidió que fuera en fechas navideñas (por hacerlo coincidir con el cumpleaños de su inventor, supongo).

En el año 33 de nuestra era, a Jesucristo le pareció que organizar las cenas de empresa era el mejor modo de cohesión corporativa. Pero mirándolo desde el punto de vista actual, no es de extrañar que le crucificaran por haberlas inventado. La maldad que se reúne en torno a una mesa cada mes de diciembre de cada año en casi todas las empresas de España, es sólo equiparable a la maldad que desplegó Judas para delatar a su jefe ante la legión romana.

Hay quien dice que la Ultima Cena, además de inspirar obras de arte como los cuadros de Leonardo Da Vinci o Juan de Juanes, también ha servido de inspiración para algunas escenas en Juego de Tronos (otra obra de arte, por cierto). Al igual que ocurre con los personajes de uno de los capítulos de la famosa serie televisiva, los empleados que se citan actualmente en una cena de empresa (especialmente en las de IBEX 35) agarran el cuchillo para mantener una conversación con mayor motivo que usarlo para partir el solomillo al roquefort del menú.

Se puede saber más de la opinión que tienen los demás de uno mismo por lo que dicen los compañeros de trabajo entre plato y plato que lo que pueda saber la madre que les parió a todos y cada uno de ellos. Si hubiera que justificar el sueldo de todo el año, incluyendo las tres pagas extraordinarias, el único que realmente merece cada euro es el director de recursos humanos. Ni siquiera el responsable de casting de las películas de Tarantino es capaz de reunir a tanto hijo de puta alrededor de una mesa.

Si Dios Nuestro Señor levantara la cabeza (otra vez más, quiero decir), en lugar de haber inventado la “cena de empresa” se habría ido de “despedida de soltero” (otro concepto de funesta invención, aunque me temo que en esta ocasión el mérito de la creación le corresponde al mismísimo diablo).

 

 

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