NI EN CONTRA NI A FAVOR

Del mismo modo que para salir hay que entrar, para bajar de peso hay que coger peso (concretamente coger las mancuernas del gym tres veces por semana). Parece una contradicción, pero no lo es.

También dicen que para sortear las consecuencias del veneno de serpiente conviene inocularse veneno del mismo reptil, tal y como hacia el pirata Roberts en “La Princesa Prometida”.

Al mismo tiempo, las dietas más efectivas de la operación bikini confirman que para comer menos cada día hay que comer más veces al día.

Incluso hay asesores matrimoniales que recomiendan la infidelidad conyugal para revivir la fidelidad del amor connubial perdido.

Tampoco he llegado a comprender por qué la cama se llama cama y la cómoda se llama cómoda si la cama es más cómoda que la cómoda.

España no es el único país contradictorio. En Francia, el puente más viejo de París sobre el río Sena se llama Pont Neuf y en Inglaterra la obra más conocida de Sackespeare lo es por cuestionarse «ser o no ser».

Para dejar las cosas claras, es mejor ponerlas en negro sobre blanco ya que, aún siendo negro, todo se ve más claro que si se ponen en blanco sobre negro.

También el silencio administrativo de las Instituciones Públicas demuestra completo desinterés, frente al refrán popular que confirma que «el que calla, otorga». Y hablando de aquello que es público y que sólo beneficia a unos pocos, hay cargos públicos cobrando sueldo institucional que defienden la laicidad del estado para después inaugurar la Semana Santa con el mayor boato mediático posible (persignación ante las cámaras incluida). También hay quien se posiciona abiertamente contra el divorcio, contra el matrimonio gay y contra el aborto para después divorciarse sin remordimiento moral, acudir con orgullo a la boda homosexual de un compañero de partido y enviar a su hija menor de edad a abortar a las clínicas privadas de mayor prestigio médico sin el menor interés por la integridad psicológica de la madre y mucho menos por la integridad ética propia.

Un claro ejemplo de la contradicción en la que estamos inmersos la ejemplifica con más razón que un santo mi admirado Juanjo Millás en su libro «El mundo» al describir la función del bisturí que disecciona y cauteriza al mismo tiempo. Todo resulta contradictoriamente contradictorio. En especial, en asuntos del corazón, tal y como decía Santa Teresa de Jesús (en esta ocasión con tanta razón como santidad).

Yo tampoco estoy libre de contradicción. Por ejemplo, nunca estuve más enamorado de la mujer que amaba que cuando se acabó el amor definitivamente.

Para concluir, puede que sea la sinrazón la razón que dé sentido a la vida. Por eso tiene sentido que todo en este mundo sea unas veces a favor y otras en contra

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