LA GRAVEDAD DE LA GRAVEDAD

Tengo la moral por los suelos. No sé si es culpa mía, de mis alter-egos literarios o es culpa de la gravedad terrestre que siempre reclama lo que es suyo.

Luchar contra la consternación que infunde un exiguo estado de ánimo es un combate sin tregua ni cartón (o como se diga). El caso es que tras cuatro visitas al psiquiatra este último mes a ochenta euros por visita y trescientos veinte euros menos en mi cartilla, sigo sin levantar cabeza (también literalmente).

Me afecta todo de todos y sobre todo aquello que no debería afectarme por el simple hecho de que no me incumbe directa o indirectamente. Si enciendo la tele y hay un documental en La 2 de ñus cruzando el rio Mara en Tanzania, lloro un mar de lágrimas contando el número de animalitos que caen presa de las fauces del cocodrilo autóctono. Si acudo en transporte público a mi lugar de trabajo y una anciana nonagenaria rechaza ocupar el asiento de Metro que he cedido educadamente, de nuevo estallo en llanto por el negligente desprecio a mi ofrecimiento. Lloro al abrir el buzón y ver que la única  carta que recibo siempre es la del banco. Lloro con la película Pretty Woman aunque tenga el televisor apagado (me basta con saber que algún canal la está reponiendo por enésima vez). Lloro porque todo tiempo pasado fue anterior y si fue mejor, ya no importa, ni tampoco sirve de nada saber en detalle lo mejor que fue para los tiempos que corren. Lloro porque mi exnovia me abandonó diciendo la frase “no eres tú, soy yo” (aunque en realidad lo que había era “otro”). Lloro porque todo en la vida va cuesta abajo y a mí la vida se me hace muy cuesta arriba.

Por suerte les tengo a ustedes cada domingo que me apoyan en internet con la lectura de mis artículos y corresponden a la emoción que transmite su contenido escribiendo comentarios con puntualidad británica (la puntualidad, otra costumbre virtuosa en declive).

Sólo espero que hoy precisamente no se caiga la conexión a la red y me quede sin lectores. Aunque podría ocurrir, ya que como dije antes, la gravedad siempre reclama lo que es suyo y si se cae Internet es por motivo de fuerza mayor. Y mayor fuerza que la ejercida por la madre naturaleza es imposible de superar a primera hora de la mañana. Aunque dos Diazepanes de 10 miligramos para desayunar ayudan bastante.

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