GAMBORIMBO

Todas las lectoras y lectores que siguen fielmente la lectura de artículos cada domingo conocen mi afición a descubrir nuevos términos lingüísticos que después incorporo a mi lenguaje cotidiano.

A la mínima oportunidad, suelo dejar escapar un palabro por la boca que deja a su vez boquiabiertos a los comensales (si estoy en una cena de empresa), a mi marido (si se pone espléndido en su faceta mansplaining) o a mi cuñada (si me restriega por las narices sus títulos universitarios, diplomas académicos y los máster del universo imposibles de cotejar).

Aprender una palabra nueva al día implica incorporar al lenguaje 365 nuevos términos cada año. Teniendo en cuenta que cuento con casi medio siglo de vida (a los que hay que restar los años de juventud correspondientes en los que mi uso del castellano era limitado), puedo afirmar que tengo a bien emplear 8.000 palabras más que la media de españolitas y españolitos que presumen de serlo (al modo único que predican ser español-español-español).

Personalmente no me supone ningún esfuerzo sumar vocablos porque siempre me he inclinado más hacia las letras que hacia los números (iba a escribir guarismos pero lo he tachado porque el cupo de palabros por hoy ya está cubierto).

También he de reconocer y asumir que el  enriquecimiento del lenguaje con palabras en abandono creciente o en desuso genera controversia entre los escuchantes por no decir que causa rechazado y desprecio a partes iguales. Supongo que será algo parecido a lo que ocurre cuando se prueba caviar por primera vez. Habrá quien lo considere un manjar de los Dioses del Olimpo y habrá quien te lo escupa a la cara nada más hacer contacto con las papilas gustativas. Aunque por otro lado, es un método infalible para saber quien tiene paladar exquisito para mantener una conversación fructífera y quien alimenta su intelecto con sopa de sobre de marca blanca.

Hoy me despido de todas ustedes con el término gamborimbo. Si desconocen su significado y son curiosas como yo, lo buscarán en Google y puede que lo sumen a su conversación a la mínima oportunidad (a ser posible, en una cena familiar con su marido y su cuñada de comensales).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s