RIQUEZA DE ESPIRITU

Tengo la fea costumbre de anteponer mis antojos y caprichos a la necesidad empírica de ganar dinero para satisfacerlos. Siento que el dinero me persigue, pero soy más rápido y nunca logra alcanzarme.

En mi entorno cercano se enfadan mucho conmigo porque no hay sueldo que llegue a fin de mes (si ellos supieran que a veces no llega ni al día quince, su enfado tornaría en furia). Que si no ahorro nada, que piense en mi futuro, que no sé qué de un colchón para momentos de vacas flacas… y otra serie de frases hechas que me entran por un oído y me salen por el otro. Como el dinero que llega a mis manos, que entra por la mano derecha y sale por la izquierda.

Por fortuna, nadie depende económicamente de mis ingresos. No soy padre de familia ni tengo padres que dependan de mí. Tampoco soy amo de ningún animal de compañía que haya elegido para acompañarme. Ni soy pareja de nadie que me quiera como pareja, ni amigo de quienes me considerarían amigo-amigo. Mi nula empatía hacia los seres vivos que me rodean es inversamente proporcional al afecto consumista que me posee y al que caigo rendido en cuanto recibo dinero en pago a la labor que unos consideran trabajar, otros llaman oficio y la inmensa mayoría denomina empleo. No desvelaré aquí y ahora mi fuente de ingresos. Primero porque no quiero apearme del tren de vida que me lleva a toda velocidad hacia un destino de complacencia y deleite sin parangón. Y segundo porque en esto de ganar dinero a raudales no valemos todos por igual. Del mismo modo, no todos valen para gastarlo a espuertas del modo en el que lo hago yo. Para eso hay que nacer. Llámenme “bon vivant”, esnob, sibarita o epicúreo. Pero si no comprenden el uso último del dinero, es evidente que desconocen las razones para ganarlo.

Existen personas que han venido a este mundo para gastar dinero y otras para gastar su vida ganándolo. Si aún no sabe en qué lado de la balanza está usted, bastaría con escuchar a las personas mayores que tienen cerca, ellos saben mejor que nadie para qué sirve la vida.

En su lecho de muerte, mi querida y anciana bisabuela (que en gloria esté), me dijo en su infinita sabiduría que “lo más importante en esta vida es ser feliz”. Y como el dinero no da la felicidad, me lo gasto todo. Por eso soy la persona más feliz del mundo. Gracias bisabuela por tu sabio consejo (y por tu herencia).

  1. Concha Aparicio

    Cuesta creerte, la verdad. Pero, si es cierto lo que dices, debes de estar pasando por un momento duro con la crisis del coronavirus. En estos momentos es muy difícil comprar algo distinto a productos de primera necesidad, como alimentos, higiene y poco más. Dado que la situación va para largo, te imagino pensando en qué emplearás algún día el dinero que ahora no puedes gastar. Un saludo.

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    • Juan Carlos Monroy

      Hola Concha, muchas gracias tu comentario. Sólo aclarar que los articuentos son sólo eso: articuentos. Es decir, poco o nada de lo que aparece es real, todo es ficción. Aunque estén escritos en primera persona, se trata de un personaje inventado, una situación inventada en un contexto inventado. Es literatura que únicamente pretende entretener y hacer pasar un buen rato al lector.. Agradezco mucho tu tiempo en la lectura. Recibe un fuerte abrazo!

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