EL CUÑADO

Al imbécil de mi cuñado le ha dado por hacer teatro. A los cinco años fue pastorcillo en el Belén viviente del colegio y ahora que le ha llegado la edad de jubilación dice que quiere recuperar el tiempo perdido y de paso hacer realidad el sueño frustrado de toda una vida. Como digo, un imbécil de cuñado.

Pero si no ha dado un palo al agua­ en su puta vida–he dicho a mi hermana (o sea, su mujer). Así me está entretenido, que no quiero tenerle en casa todo el día de brazos cruzados–ha dicho ella. Si estar de brazos cruzados es lo que ha estado haciendo durante cincuenta años, o sea, que tampoco te pilla de nuevas–he continuado diciendo yo elevando el tono de voz. No te metas con sus aficiones, hermano, si quiere seguir haciendo teatro que lo haga, total, a estas alturas ya no tiene nada que perder­–ha alegado mi hermana en su defensa. Ni nada que ganar–he concluido yo para zanjar la conversación que se iba tornando en marrón oscuro tirando a marronazo.

Mi cuñado Andrés (o Andresito, tal y como es conocido por todos en la familia a pesar de ser un hombre hecho y derecho), entró a formar parte de la familia tras pasar por el altar con mi hermana por un embarazo no deseado por nadie salvo por mi difunta abuela. Por no dar un disgusto a la anciana, se acordó celebrar una boda por la iglesia, por todo lo alto y porque ninguno de nosotros fuera desheredado. Mi hermana desperdició sus años de juventud criando al recién nacido que huyó de casa en cuanto cumplió la mayoría de edad y Andresito, el imbécil de mi cuñado, pasó las siguientes décadas de su vida malgastando la herencia de la abuela que finalmente murió sin llegar a ver el rostro de su biznieto. De todo esto han pasado casi 50 años y ahora, al imbécil de Andresito le ha dado por la interpretación a nivel profesional. Conociéndole como le conozco, se le dará bien, porque lleva haciendo teatro desde que dijo “Sí, quiero” en el altar ante los ojos de Dios, engañándonos a todos y a Dios, el primero.

Y aquí me tienen, en la ceremonia de los Goya aplaudiendo a rabiar al ganador del mejor actor revelación. ¿Adivinan quién se lo ha llevado?

La vida está llena de sorpresas.

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