OFERTA Y DEMANDA

Ante la imposibilidad de demostrar el afecto deseado del modo deseado impuesta por la situación actual, estoy pensando en abrir un comercio de abrazos al día siguiente del levantamiento del estado de alarma. Será el pelotazo de la década. Ni startups ni gilipolleces tecnológicas de esas. Una tienda de abrazos a cincuenta pavos cada uno durante 15 segundos. Me voy a forrar.

Mi elevada formación en marketing, avalada por un máster en gestión de recursos humanos en Harvard (provincia de Aravaca) y dos talleres didácticos sobre resolución de conflictos y manejo de situaciones de crisis, me ha llevado a detectar un nicho de mercado con grandes posibilidades de lucro inmediato.

Analizando la coyuntura vigente y valorando empíricamente los altos índices de respuesta de un mercado potencialmente sensible a la necesidad de afecto por un lado, y la demostración de cariño por el otro, la proyección de resultados económicos a priori aseguran una escalada exponencial de riqueza con posibilidades de expansión territorial nacional e incluso internacional (viendo la extensión geográfica del problema vírico aún latente a nivel mundial).

Ayer mismo terminé la redacción del plan de empresa. Quinientos folios a doble cara que incluyen numerosos gráficos proyectivos, infografías en tres dimensiones así como distintos escenarios de evolución de respuesta (todos ellos excelentes). La tesis que avala el éxito de la propuesta está acreditada por el elevado requerimiento de ternura directamente proporcional al padecimiento sufrido en circunstancias de extrema carencia empática. Al mismo tiempo, el proyecto cuenta son el soporte crediticio inicial de una entidad solvente (que por ahora prefiere permanecer en el anonimato), y con diversos fondos de inversión de capital riesgo (que se suman al anonimato).

Ahora que tanto se habla de subidas y bajadas de curvas, espero no derrapar en la cima de mi curva de ingresos cuando abra la puerta del negocio y acabe estrellándome de bruces ante una realidad que prometía demostrar afecto al prójimo y resultó ser todo tan ficticio como falsa es la emoción humana.

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