LA FORMA DEL ALMA

Estoy plenamente convencido de que el alma humana tiene forma. Mucha gente cree que la forma es algo exclusivo del cuerpo y que la única forma que podría tener el alma es la etérea, si es que la etereidad existe (algo de lo que dudo tanto como de la existencia de la propia palabra etereidad).

Pero yo no estoy de acuerdo con esta creencia. Conozco a personas con un alma cuadrada que es el reflejo tangible de su cuadriculada forma de pensar. También sé de almas circulares que vagan por la vida dando vueltas y vueltas sin que nada ni nadie sepa de dónde vienen ni a dónde van. Y hace poco descubrí un alma poliédrica capaz de adoptar cualquier posición sin cuestionarse cuál era la postura más adecuada para el logro de unos fines también completamente poliédricos (como sus principios).

Aunque de todas las apariencias posibles que ofrece el alma, el aspecto más fascinante es la forma líquida. Su virtud más característica es la de transformarse en solida o en gaseosa en función de las circunstancias ambientales (cuando digo gaseosa no me refiero a la silueta curvilínea de una botella de bebida carbonatada, sino a la forma de agregación de la materia).

Entre las capacidades innatas del alma líquida destaca la pluriformidad. Si se encuentra enfrascada en un asunto que se dilata más de lo debido, se pone rígida adquiriendo una solidez casi impenetrable. Y si la cosa se pone muy caliente, rápidamente encuentra el modo de evadirse variando de un estado sólido inicial al vaporoso en el instante preciso en el que la atmósfera no es de su agrado y el aire se hace irrespirable. Una sublimación algo sublime (perdón por la cacofonía).

Por otro lado, si el entorno está repleto de aristas con las que roza constantemente y resulta algo incómodo, pero no tanto como para renunciar a su calor, el alma líquida se deja fluir y en un santiamén se acomoda a cualquier rincón adaptándose a todos los pliegues existentes y cubriéndolo todo de sustancia acuosa. Se podría decir que el alma líquida cala hondo, como el sirimiri característico de la cornisa cantábrica.

Creo que ha quedado clara y cristalina mi posición respecto a las diferentes formas del alma líquida. En otro próximo articuento abordaré las diversas formas del pensamiento humano. Puede que me lleve más tiempo, ya que hallar diferencias entre uno y otro es arduo complicado. Últimamente proliferan mucho los pensamientos planos y, por otro lado, también resulta difícil encontrar un pensamiento lateral con el que hacer comparaciones ya que el pensamiento lateral se va siempre por las ramas. Aún así, trataré de ofrecerles contenido digno para llenar su mente abierta (o vacía, depende del lector).

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