LA IMPUNTUALIDAD NOS HACE POBRES

Asisto a clases de inglés cada martes y jueves con puntualidad británica (como no podía ser de otra manera). La razón de estudiar un segundo idioma es doble. Por un lado, crecer intelectualmente como persona. Y por otro lado, hallar una mejora laboral que permita incrementar los ingresos y por consiguiente afianzar mi calidad de vida presente y garantizar la futura de mi pequeño bebé de seis meses.

Por ambas razones, también acudo frecuentemente a congresos, seminarios, cursos, talleres y todo tipo de encuentros a lo largo y ancho del país que proyecten a lo largo y a lo ancho mi conocimiento.

Aquellos eventos organizados por instituciones españolas, organismos públicos de España o empresas del sector privado cuyo accionariado mayoritario es español, suelen dar comienzo con la frase “demos 15 minutos de cortesía para los que vienen de camino”. Ahora entiendo el motivo por el cual la economía española va por detrás del resto de economías de su entorno. Se debe a la suma de quince minutos consecutivos que se conceden a quienes deciden llegar tarde por sus santos cojones o vienen de camino por el camino más largo (el de la falta de previsión).

Lo peor de todo, no es que por su culpa se retrase el comienzo de una actividad, sino que el retraso tiene consideración de “cortesía”. Por lo visto, en España, hacer esperar a los demás se considera socialmente un acto de buena educación, tócate los…(otra vez)

Cuando mi novia (actual esposa) tuvo un retraso, fue la señal inequívoca de que el nacimiento de nuestro primer hijo venía de camino. En este caso no fue falta de previsión. Llevábamos varios años deseando tener un niño y fuimos a por él sin descanso, literalmente hablando.

El bebé tardó en llegar nueve meses, pero tuvo la cortesía de hacerlo con puntualidad y asomándose al mundo con pataletas y berridos. Supongo que sabía a lo que se enfrentaba incluso antes de abrir los ojos. No hizo falta que ningún doctor o doctora le arreara un cachete en las nalgas para mostrar al mundo que la herencia recibida no era de su agrado.

Por eso, cuando escucho la frase “demos 15 minutos de cortesía a los que vienen de camino”, enfilo mis pasos hacia la salida y abandono la sala de inmediato. Nadie en este mundo merece mi tiempo más que mi hijo, que me espera en casa para enseñarle que la puntualidad es la verdadera cortesía, y no sólo en la Gran Bretaña.

No me extraña que el talento español emigre a Londres. Aquí, están perdiendo el tiempo (concretamente 15 minutos. Y ese tiempo a día de hoy, es una eternidad).

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