QUERIDO ANSELMO:

Querido Anselmo, no te quiero ni contar el muermo que es estar de Rodríguez. Ha sido llegar el verano y mi parienta ha hecho las maletas, ha hecho mutis por el foro y yo he hecho de tripas corazón.

Mientras ella disfruta del apartamento en Torrevieja-Alicante y de todo Alicante que veranea en Torrevieja, me ha dejado de solipandis sin niños, sin la ropa planchada y sin nada de comer en el frigorífico.

Eso que dicen las malas lenguas que cuando estás de Rodríguez mutas en un playboy y conviertes tu casa en un lupanar es más falso que el máster de Aravaca de Pablo Casado. Cuando llego a las ocho de la tarde, después de un día insufrible de curro, de calor y de aguantar a todos los de la oficina que están también de Rodríguez, encuentro la casa vacía, la nevera vacía y, sobre todo, la cama vacía.

No ingiero nada caliente preparado por mí mismo (ni sé freír un huevo). Por eso, llamo a los de Telepizza que traen la comida a la puerta de casa a cambio de unas monedas de propina y una palmadita en el brazo acompañado de un guiño de ojo y de un “gracias muchachote”.

Así llevo veinte días (aún quedan diez más). Me veo algo más gordo. Quizá sea por el tamaño de la pizza tres quesos o por la cantidad ingente de latas de cerveza que acompaño cada ración. También puede que sea la falta de ejercicio o pasar las horas muertas viendo serie tras serie de Netflix, Amazon Prime y HBO (me he suscrito a las tres plataformas). Por otro lado, si mi mujer me viera con cuerpo atlético, siguiendo una dieta mediterránea y frecuentando más restaurantes veganos que plataformas digitales de cine pensaría que tengo una amante o un amante (o las dos cosas a la vez). Por eso, he decidido abandonar mi cuerpo y entregar mi mente a la intemperie de la dejadez estival. De este modo, cuando ella regrese de su mes de veraneo en Torrevieja podré asegurar al primer golpe de vista que no ha existido ningún amante en los últimos treinta días de ninguna clase (ni tampoco de sexo masculino, insisto). Lo que ya no sé, es si la mujer que encuentre yo ante mis ojos tendrá cuerpo atlético, habrá seguido una dieta mediterránea o ha frecuentado los restaurantes de lujo de Alicante (que dudo existan, por cierto).

Si al primer vistazo, noto alguna mejora en su apariencia física, te llamaré por teléfono para que me hagas hueco en tu apartamento de soltero hasta que se nos pase el cabreo. Te pondré al tanto cuando acabe el verano y valore la situación.

Atentamente, tu amigo Marcelo.

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