DEFENDER LO PÚBLICO DESDE LO PRIVADO

El término singular es singular en el  amplio sentido de la palabra singular. 
Hay quien usa el vocablo anglosajón single como sustituto del término singular para referirse a sí mismo en primera persona del singular con el objetivo de expresar de modo plural el estado civil de soltería y su completa disposición «a lo que surja». 

La singularidad de los singles no es equiparable a la particularidad de lo particular, aunque ambos conceptos compartan fines afines (perdonen la cacofónica, pero me venía a huevo).

Por otro lado, recurrir al género singular eleva la categoría de lo referido, frente al uso del plural que vulgariza todo lo que toca (debido al exceso o a la diversidad de unidades sobrantes, no sé). Por ejemplo, no es lo mismo dedicarse al negocio de “las aceitunas” que al negocio de “la aceituna”. El primero da la impresión de ser una simple tienda de encurtidos en un mercado municipal de capital de provincias, y el segundo indica un emporio de aceite de oliva virgen con sucursales en medio mundo incrementando notablemente su cuota de mercado al mismo tiempo que asciende su capital bruto.

Tampoco es lo mismo decir públicamente “me gustan los hombres” o “con una mujer me gusta más” que expresarlo en sus versiones singular y plural respectivamente (no entraré a explicar los matices en ninguno de ambos casos, mejor extraigan ustedes su propia conclusión).

Y hablando de concluir, para ir concluyendo este breve elogio al término singular, diré sin miedo a equivocarme que el logro colectivo (o plural) comienza por el esfuerzo individual, o lo que es lo mismo, por convertir en derecho civil lo que hace singular a una única persona o afecta particularmente al prójimo. Por esa razón, sería bueno para todos (empezando primero por usted) que apoyara siempre como individuo aquello que considere justo para los demás, aunque no le afecte directamente ni de modo implícito o sea ajeno a sus intereses.

Puede que en el futuro, su pequeña tienda de encurtidos sea absorbida por un gigante del negocio de la aceituna y se quede usted más solo que la una defendiendo todas aquellas cosas que le importaban de modo privado, y al final su vida acabe de modo singular siendo sólo una cosa. Es decir: una mierda.

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