NUEVA NORMALIDAD, NUEVA LITERATURA

Desde que hay aforo limitado en los espacios públicos por culpa de la Covid me estoy quedando sin inspiración para mis artículos. Si antes bastaba el trayecto en Metro entre las estaciones de Argüelles y Avenida de América para escuchar trece o catorce conversaciones y extraer trece o catorce temas que derivasen en sendos trece o catorce artículos, ahora en cambio, apenas saco para un par. 

El arriesgado trabajo de colaborador en prensa como articulista de raza que obtiene información a pie de calle, implica (en mi caso particular) pegar el oído a las conversaciones ajenas, a ser posible de modo discreto y sin levantar sospechas entre los contertulios. Pero a día de hoy, el maldito virus nos ha obligado a todos a mantener una distancia interpersonal de dos metros y claro, así no hay quien escuche nada de nadie.

Tampoco ayuda mucho tener la boca cubierta por una mascarilla a pesar de existir un inmenso catálogo de diseños con variedad de formas y colorines para todos los gustos y disgustados. Con el dineral que me costó el master para aprender a leer los labios, ahora tampoco hallo asuntos de interés ante la imposibilidad física de descifrar el movimiento de las bocas más parlanchinas. A lo que hay que incrementar la dificultad añadida de mirar de frente y directamente a los ojos. Como tampoco nadie aguanta la mirada más allá de unas décimas de segundo, así no hay quien trabaje en este país y menos este humilde colaborador que trata de ganarse la vida con retazos de vida de los demás.

Por lo tanto, si de ahora en adelante lee uno de mis artículos y no le satisfago intelectualmente como lo hacía antes de la omnipresencia en nuestra cotidianeidad del virus pandémico, no deje de hacérmelo saber por escrito. A falta de inspiración extraída en la calle de conversaciones ajenas, me conformo con lo que salga de las conversaciones que mantengamos por escrito usted y yo. Puede que sin desearlo nazca una oportunidad donde a todas luces existe una debilidad constatada. Algunos lo llamarán «nueva normalidad», en cambio yo prefiero llamarlo «marketing literario».

Un Comentario

  1. Tomas Quintanilla

    Pues recojo el guante que usted ha lanzado con la esperanza de encontrar algo de lo que hablar.
    No estoy dispuesto a hablar del coronavirus , no de los políticos, ni siquiera de economía por lo que le propongo hablar del tiempo.
    Pero no del tiempo atmosférico , sino del tiempo en términos del cómputo de años. Sabía usted que el universo existe desde hace 15.000 millones de años. Y que es sol es una Estrella joven y un solo tiene 5.000 millones de años de existencia. Nuestros lejanos antepasados llamados dinosaurios habitaron el planeta en el que usted y yo nos encontramos durante 300 millones de años. Hablando de. Heathrow más cercanos parientes hace unos dos milones de años que dejaron de ir a 4 patas y se puesieron de pie.
    Hace 10.000 años que nuestros , ya les podemos llamar abuelos, empezaron a plantar trigo y a domesticar a alguna gacela, vaca y otros animales para no tener que depender de la caza y de la recolección furtiva.
    El resto de la historia es más o menos conocida, pero sirva el establecer unos parámetros de medidas pata darse cuenta de que lo que nos ocurre ahora no es más que un suspiro en el tiempo.
    Por eso le animo a relativizar todo y a ser feliz en este ratito que podemos compartir con otros amigos y lectores .
    Un saludo contemplando la catedral desde el Los Altos del parral

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