TONTO EL QUE LO LEA

Vengo del ambulatorio de hacerme un análisis y ha salido todo bien.

Cuando entré en la consulta, creía tener un morfema ligeramente inflamado. Pero tras observar los resultados de las pruebas, la doctora confirma que no hay de qué preocuparse. Me ha dicho que tengo los índices semánticos algo elevados para mi edad, pero normales para mi ritmo leyente de vida.

­            –Si en dos semanas la hinchazón persiste, sustituye la ingesta de poesía por la prosa y en pocas horas descenderá el bulto­–ha dicho con total convencimiento–. Tu caso es propio de los que sois como tú–ha apostillado para dar por hecho un padecimiento que casi nadie sufre como sufre un servidor, y cuya causa se debe a un exceso de rimas incompatible con el inusual hábito de lectura diaria de la población general.

Los que padecemos TLC (trastorno de lectura compulsiva) debemos vigilar lo que cae en nuestras manos porque tendemos a cuestionar las formaciones gramaticales por encima de las posibilidades que ofrece el contenido narrativo. Por esa razón, no es de extrañar que suframos ataques incontrolados de decepción cuando una novela o ensayo carece de sentido estructural lingüístico por muy acertada que sea la trama o la audacia de su desarrollo conceptual.

Incluso extendemos nuestra conducta obsesiva a la prensa escrita, a los catálogos comerciales y a los folletos de buzoneo comercial de barrio sin poder esquivar la mala conjugación de un tiempo verbal o la sustitución de pronombres personales en la posición de complemento directo.

Por fortuna para los que sufrimos este mal crónico, la Seguridad Social también cubre el tratamiento desde el mismo instante en el que los síntomas hacen acto de presencia. Gracias al Sistema de Sanidad Universal, podemos acceder sin coste añadido a librerías y bibliotecas donde profesionales altamente cualificados nos suministran dosis generosas de textos correctamente redactados desde el punto de vista gramatical para sobrellevar la mediocridad imperante en la sociedad iletrada que nos rodea.

Si usted se siente identificado o reconoce como propio algún efecto de los anteriormente mencionados, sepa que forma parte de nuestro diminuto colectivo aun sin saberlo. Por lo tanto, sea bienvenida a la minúscula minoría minoritaria de la casta lectora. 

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