LOS REYES MAGOS EXISTEN

Mis vacaciones favoritas siempre han sido las de Navidad porque llegan cuando menos falta hacen.

Para empezar, no se está muy cansado del trabajo porque no ha dado tiempo a alcanzar la fatiga acumulada tras el descanso del mes de veraneo tumbado en la playa durante todo agosto (siempre y cuando se tenga la fortuna de tener empleo o no haberlo perdido, todo sea dicho).

Las vacaciones navideñas llegan cuando ya no le quedan días al año, que es lo más parecido a hacer borrón y cuenta nueva. Al mismo tiempo, se disfruta de una semana libre a principios de enero que sirve para tomar impulso y subir la cuesta del resto del mes más empinado que tiene el año. Y para mayor gozo, son momentos de asueto en los que la única obligación es comer sin hambre, beber sin sed y amar a quien no se ama. Por lo tanto, es normal que sea la época más feliz del año incluso para los ateos, que no tienen reparo en montar el belén con tal de tener a los hijos entretenidos sin molestar en casa.

Durante las vacaciones de Navidad, se desea felicidad a raudales, tanto a quien no se conoce de nada como a quien se conoce y se desprecia. La emoción está en el aire como lo estaba el amor en aquella canción tan cursi de John Paul Young de finales de los 70.

Son días de alborozo, algazara y de Alcampo (ahora hablo de los supermercados). No se escucha a nadie lamentarse por nada. Ni por la subida injustificada del precio de los langostinos, el besugo o la pularda. Ni por sentar a la mesa al cuñado impertinente. Ni tan siquiera por no haber recibido ni un pellizco del Gordo de lotería que tanto hace volar la imaginación tras pagar docenas de euros por varios billetes y que después son sólo papel mojado (literalmente hablando porque recogen las lágrimas de la ilusión perdida).

Si viviéramos en periodo vacacional navideño de modo permanente, seríamos mejores seres humanos de lo que somos. Desde los más adultos hasta los más pequeños. No tengo la menor duda. ¿Se imaginan la alegría de los niños al descubrir regalos bajo el árbol cada mañana al despertar todos los días 6 de cada mes del año?

Mejor no se lo imaginen, sería tan frustrante como tratar de explicar a los padres que los Reyes Magos existen.

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