HUMOR INTELIGENTE

Humor e inteligencia son sinónimos. No lo digo yo, lo dicen diversos estudios de investigación sobre personalidad y conducta que demuestran que las personas divertidas poseen un alto coeficiente intelectual.

Los mismos estudios también reconocen que los hombres y mujeres con sentido del humor asumen los cambios como algo intrínseco a la existencia, demuestran poseer un componente filosófico de alto nivel cognoscitivo además de resolver más rápidamente los inconvenientes de los imprevistos.

Pero de todos los estudios sobre la influencia del humor en la calidad de vida del ser humano, me quedo con el centrado en su uso como herramienta pedagógica de aprendizaje. Son infinidad los autores que participan para corroborar en mayor o menor medida el peso del humor en el ámbito docente y la consecuente mejora de resultados académicos.

Algunos estudiosos avalan sus palabras con experimentos empíricos focalizados en el lenguaje. Otros aportan datos concluyentes sobre el efecto desmitificador, desdramatizador, desacralizador y otros muchos más “des” que la perspectiva humorística confronta a una realidad hostil.

Sócrates, otro gran estudioso del comportamiento humano, dijo que “el hombre es el único animal que ríe” (supongo que también incluiría a las mujeres griegas, aunque a él le hicieran más gracia los jovencitos). Y si por decir lo que decía, fue condenado a morir por envenenamiento y 2.500 años después seguimos sin reírnos lo suficiente, es que a lo mejor aún nos queda mucho por estudiar (o no asistimos a las clases de filosofía en B.U.P.)

La puesta en práctica del humorismo (que recomiendo encarecidamente tras la lectura de este texto), no es más que la contraposición de dos ideas de un modo aparente o real. Por ejemplo, hay quien considera el chirimiri un castigo divino a la altura del diluvio universal y quien se regocija anticipadamente con el perfume de las flores que nacerán al día siguiente en su jardín gracias al riego caído del cielo (literalmente hablando).

Aún sin haber sido nunca un gran estudiante, considero que la diversión que proporciona la práctica del humor debe ser bidireccional. Es decir, no basta con hacer reír a los demás sino divertirse cuando se hace reír, que no es lo mismo que reírse de uno mismo (que también es muy saludable, pero merecería otro artículo aún más extenso que este).

Por cierto, todos los estudios que he consultado también afirman que los hombres con sentido del humor son considerados como más atractivos por las mujeres. Ahí lo dejo para que lo mediten con una sonrisa en los labios.

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