GEMÍNIDAS

Según la Wikipedia, las gemínidas “son una lluvia de meteoros de actividad alta”.

Sé lo que es una lluvia de meteoros, pero con el concepto de actividad alta me pierdo. Supongo que la actividad será alta porque los meteoros están en las alturas. Pero si la acepción del adjetivo “alta” hace también referencia al movimiento incesante, la actividad será a su vez doblemente activa (especialmente por hacerlo desde una posición elevada).

Vengo a hablar de este tema precisamente hoy, día de San Valentín, porque estoy enamorado de una mujer por su actividad. Se trata de mi jefa. No es que esté enamorado de ella por ejercer de jefa, sino por la energía que emana de su figura y que percibo como nadie de mi entorno laboral.

Además de ser mi jefa, también es la jefa de todos los jefes y supervisores de la compañía. Por lo que su actividad es alta, es decir, por partida doble. Tanto por su movimiento incesante (viaja mucho), como por su posición elevada (tiene un cargo de mucha responsabilidad), se podría decir que es una gemínida celestial.

No sé si ella es consciente de lo mucho que me gusta. Porque de ella me gusta todo. No sólo su brillantez en la gestión empresarial, sino también el brillo de sus ojos, el brillo de su pelo y el brillo de sus labios acarminados. Incluso me gusta aún más por la estela de perfume que deja en el ambiente a su paso fugaz por el pasillo que hay junto a mi puesto de contable. Creo que esa estela invisible aromatizada es la prueba irrefutable de que es un meteoro de categoría tan grande como la categoría de estrella gigante que es Júpiter dentro del sistema solar.

Mi mejor amigo, que sabe de mi ceguera amorosa provocada por la sobreexposición directa y continuada a la luz que desprende, dice que no es amor, que sólo es la erótica del poder que me nubla la vista y otros sentidos como el olfato. Pero yo le contradigo. Argumento que el modo de dirigirse al comité de consejeros delegados de la compañía demuestra fehacientemente que sus palabras son meteoritos a punto de impactar contra planetas inertes. La insistencia de mi amigo en subrayar su postura contrasta con la mía que se reafirma aún más a medida que pasan los días, las semanas y los meses.

Puede que mi corazón tenga razones que la razón no entienda. Solo el tiempo dirá si vuelvo a tropezar en la misma piedra, aunque la piedra sea un meteorito, como este caso. Cuando suceda, el Armagedón emocional será inevitable.

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