EL TIEMPO MEJORA CON EL PASO DEL TIEMPO

Algo que muchos niegan reconocer (entre los que me incluyo) es que los días extraordinarios son ordinarios en el momento de ser vividos. El aporte extra que reciben se debe al cúmulo de horas.

Al igual que el vino pasa de cosechero a crianza y de crianza a reserva sin mayor secreto que dejar el transcurrir de meses pacientemente, el tiempo revaloriza la experiencia presente hasta convertirla en acontecimiento inolvidable cuando llega al futuro.

Aquel viaje de vacaciones donde lo previsto fue devorado por el cúmulo de imprevistos se transforma en un hecho digno de mención repetitiva en cada comida o cena familiar o con amigos. 

Otro ejemplo. Si cada mañana de cada día de cada año el café reconstituyente de las 12 ejemplifica la rutina a la que estamos sometidos, la excepcionalidad de su ausencia irrumpe estrepitosamente en el instante en el que no se produce. Ese día (y todo lo que ocurra antes y después) será recordado gracias a que el rito del café no se produjo. 

Otro ejemplo. Todos los fines de semana publico un articuento en el blog http://www.nadaqueobjetar.com en el que vuelco historias catárticas de ficción que son mi RedBull particular, es decir, me da alas. Y cuando la cotidianidad es retomada, la creatividad es impulsada de tal manera que la inercia multiplica la efectividad de las horas y cada minuto es una pepita de oro y cada día es un lingote. Por eso, soy multimillonario.

 

 

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