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RIP, RIP, HURRA!!!

En el momento en el que escribo este articuento se celebra el Día Internacional de la Filosofía. En el momento en el que usted lea este articuento, será el Día Internacional del Músico (y de la Música, para ser correctos genéricamente hablando).

En el calendario gregoriano, hay casi tantos Días Internacionales con un motivo de celebración como días hay a lo largo del año. Es decir, 365 motivos. Exceptuando los años bisiestos en los que hay un día que aparece de repente como por arte de magia y entonces se celebra el Día Internacional de la Prestidigitación e Ilusionismo (como no podía ser de otra manera).

El problema de los Días Internacionales con celebración concreta surge cuando lo concreto ya no tiene razón de ser ni posee categoría suficiente para ostentar el título de «Día Internacional». Por ejemplo, el Día Internacional del Compact Disc, o el Día Internacional del SMS, o del Walkman. En su momento, existieron numerosos motivos por los que estaba justificado el objeto de celebración de un Día Internacional de todos y cada uno de ellos. Pero a día de hoy no hay motivo, ni tan siquiera existe casi el objeto.

Las generaciones del siglo XXI sólo saben del Compact Disc, del SMS o del Walkman por lo que dice la Wikipedia (por cierto, otro motivo que debería tener su propio Día Internacional a juzgar por la cantidad de veces que es consultada diariamente a nivel mundial).

Pero como el destino es sabio, como también sabio es el refranero popular y a Rey muerto Rey puesto, cuando desapareció el Compact Disc se sustituyó por otro motivo diferente para no perder ningún día que celebrar. Desconozco los nuevos motivos elegidos tanto para reemplazar al Compact Disc como al SMS y al Walkman. El caso es que hoy es el Día Internacional de la Filosofía y cuando usted lea este articuento será otro Día Internacional completamente diferente. Y así será año tras año hasta que no haya motivo alguno para celebrar nada de nada y será necesario que encontrar otros nuevos.

Espero poder disfrutarlos también tal y como los disfruto ahora. Y lo mismo le deseo a usted. A no ser que ya no nos queden días que disfrutar (usted ya me entiende).

VIVA LA REVOLUCIÓN (tipográfica)

Buenos días, soy la letra pequeña. Estoy aquí, en representación de mi colectivo, para exigir el derecho a recibir la misma atención que recibe la letra Regular. 

Como caracteres pertenecientes a la familia tipográfica, no estamos pidiendo nada que no nos pertenezca por linaje. Reclamamos justicia equitativa para todas y cada una de nosotras, sin tachadura que valga.

Durante décadas, el colectivo de letra pequeña ha sufrido discriminación en todos los ámbitos de la lectura. Nos sitúan en un lugar que no nos corresponde, relegando nuestra función esencial a la última pagina, a un último párrafo o a una última línea. Nadie nos tiene en consideración por el hecho de ser como somos, es decir, inferiores al resto.

A veces, la discriminación nos avergüenza de tal manera que nos sitúan en un anexo o precedidas por un simple asterisco. O lo que es aún más denigrante, nos adjuntan en un email en formato Pdf con un cuerpo de 7 puntos. ¿Acaso no estamos a la altura de un cuerpo 10?

El desprecio al que somos sometidas dista muchísimo del privilegio de compatriotas como la Negrita o la Cursiva, que gozan de una posición social equiparable a las MAYÚSCULAS o al Subrayado, pero también muy alejadas de la Letra Capital, que ostenta el trono de la monarquía tipográfica. 

La displicencia que sufrimos oculta nuestro papel en el papel y que no es otro que el paraíso de la lectura. Existimos para ser leídas y no para ser obviadas. Nos sentimos invisibilizadas en el anverso de contratos bancarios, en los pliegues de prospectos farmacológicos y en el contrahaz de los manuales de instrucciones.

Únicamente se acuerdan de nosotras cuando hay problemas y solemos acabar en solicitudes de quejas, hojas de reclamaciones e incluso llegamos a juicios y demandas como argumento para eludir responsabilidades de lectores iletrados.

Estamos hartas del trato recibido. Por ello, el conjunto de letras pequeñas de todos los sectores afectados acudiremos a la huelga general a lo largo y ancho de cualquier documento escrito. Durante las próximas 72 horas colapsaremos el sistema tipográfico neocapitalista y opresor. Sólo así lograremos nuestro objetivo. La revolución de la letra pequeña ha estallado y no habrá rotulador fluorescente que la sofoque. 

Si eres una letra minúscula, versalita o una letra estilo Light, súmate a nuestra causa. Entre todas podremos cambiar el diseño tipográfico para siempre. Un mundo Bold es posible para todas sin distinción de fuente o serifa.

¡¡¡Camarada!!! Las letras desunidas jamás serán leídas. ¡¡¡Hasta la lectura, siempre!!!!

RAFA NADAL

En el deporte del tenis se suman tantos puntos por los aciertos propios que por errores del rival. Bajo esta premisa, son muchos los aspectos de la vida en los que esta característica está presente aún sin necesidad de tener raqueta en mano o conocer el significado de «match point».

Pero lo cierto es que no debería ser así, ni en la vida, ni en ningún deporte. No hay nada más antideportivo que alcanzar la victoria cuando falla el contrario. Lo justo sería vencer por mérito personal en lugar de hacerlo por la desgracia ajena. El triunfo basado en el sufrimiento del prójimo no es una conquista plena al estar fundamentada en el dolor del otro.

¿Qué clase de valores inculca un deporte que otorga ventaja a una parte cuando la otra yerra? El afán de superación humana como principio ético del espíritu olímpico no puede erigirse sobre aquello que nos hace humanos, es decir, la equivocación. Equivocarse nos humaniza. El acto de errar nos convierte en mejores personas porque el acto del intento lleva aparejada la acción de fallar. Y el fallo es el modo pragmático más próximo a la excelencia al despejar el camino hacia la perfección. Ya lo dijo el científico e inventor Thomas Alva Edison, quien descubrió un único modo de crear la bombilla incandescente y 999 maneras de no hacerla.

Por esa razón, Rafa Nadal no es mejor persona por los 20 torneos Gran Slam que tiene en su haber, sino por incitar a sus rivales a cometer equivocaciones como sólo él sabe hacerlo en cada partido. Y su talento en la pista le honra, ya que convierte a sus rivales en mejores personas, o lo que es lo mismo, en mejores seres humanos. Si tomásemos a Rafa Nadal como referente en la vida, estoy convencido de que nos iría mejor a todos. Nunca es tarde para seguir sus pasos en la excelencia de instigar la equivocación del contrario. Basta con empezar a entrenar al ritmo en el que lo hace a diario como número uno del mundo en su especialidad deportiva.

 Les dejo este pensamiento en forma de pelota botando. Si hallan rival con quien jugar a debatir la parte de razón que existe en esta tesis sobre el triunfo del fracaso, procuren vencerle deportivamente. Es decir, por méritos propios y no por los fallos que pueda cometer.

Por otro lado, si gana usted, recuerde que los vencidos tienen la oportunidad de la revancha y llegado el momento, siempre afrontan la segunda vuelta con una mejor preparación intelectual. O lo que es más peligroso, como si se tratara de una venganza personal.

Que gane el mejor.

DISTANCIA SOCIAL

Mantener la distancia social impuesta por las normas sanitarias como medida preventiva de contagio no me ha supuesto ningún esfuerzo en lo que a mí respecta. Llevo poniéndola en práctica desde hace años con relaciones tóxicas y es una medida muy saludable. 

Podría confirmar su eficacia al cien por cien como dieta “detox” emocional. De hecho, si a la distancia social se suman otras medidas aconsejables como esquivar la mirada cuando se lleva mascarilla o agachar la cabeza cuando el contacto visual es inevitable, está garantizada la nulidad del contagio.

Gracias a los dos metros mínimos de separación física, cualquier atisbo de riesgo de infección infligido por seres tóxicos ya sea en la oficina, en las reuniones familiares o en los compromisos sociales queda reducido a la mínima expresión, por no decir que la toxicidad brilla por su ausencia.

 A las personas tóxicas no hace falta hacerles prueba PCR para desvelar su grado de infección. Basta con observar sus reacciones ante situaciones de crisis para saber si son personas de alto riesgo de contagio en grado superlativo. Conviene tener claro en qué momento una charla distendida puede transformarse en una charla tensa o si salir de cañas puede mutar en salida de tono cuando la persona tóxica da un giro a la conversación de ciento ochenta grados.

Tampoco es necesario escucharles. Una vez detectados, es aconsejable no provocarles con ciertos temas para que no abran la boca. Sus palabras envenenadas de odio hacia el mundo que les rodea pueden llevarte a la UCI emocional más rápido que una bacteria de índole letal, además de arrasar con frases estereotipadas el sistema inmunológico levantado durante años a base de conciencia social, respeto al prójimo y educación en valores. Advertidos quedan ustedes.

Pues eso, que como es mejor prevenir que curar, mantengan la distancia de seguridad con los seres humanos tóxicos de su entorno de proximidad y ya si eso, hablamos del Covid19 otro día que últimamente se está comentando demasiado de ese tema por las redes. Cuídense mucho y sobre todo lávense las manos (antes y después de tocarse entre sí).

NO HAY DOS SIN TRES

Esta noche a las tres han dado nuevamente las dos en el reloj. Eso quiere decir que hemos ganado una hora de vida (o la hemos perdido, que jamás me queda claro).

Como nunca llueve a gusto de todos, habrá quien considere que este cambio de hora es un regalo y también quien maldiga a quien lo impuso. En lo que a mí respecta, me da completamente igual que igualmente me da lo mismo. Es decir, que me importa poco o nada que a las tres sean las dos o que a las dos horas sean las cuatro. E incluso si son las seis de la madrugada, me creo que son las doce del mediodía. Para mí, sigue estando todo oscuro.  

Mi actitud es tan apática ante estos cambalaches absurdos que si me dijeran que mañana mismo se parará el mundo para que me bajase, no lo haría. Me quedaría molestando, aunque sólo fuera por joder. Supongo que algo parecido pensó la persona que decidió retrasar el reloj (o adelantarlo, sigo sin tenerlo claro, insisto). Lo hizo por molestar y aún así, toda la humanidad occidental le hace caso, aunque lo hace sin prestar mucha atención.

El mundo seguirá girando y nosotros giraremos en nuestros propios micromundos ajenos a la hora perdida o ganada. Tal y como dijo Julio Iglesias, «Penas y glorias, guerras y paz, la vida sigue igual».

Si todo en este país funcionara como un reloj suizo, no haría falta retrasar la hora en otoño ni adelantarla en primavera. Pero como hay pocos españoles privilegiados con intereses en Suiza y cada cual hace con su tiempo lo que le da la gana, a mí me ha dado por escribir este artículo en mis 60 minutos de regalo. Sólo deseo que usted haya empleado 3 minutos del suyo en leerlo. Aunque si ha llegado leyendo hasta esta frase, supongo que ya lo habrá hecho.

Al final, va a ser buena la idea de cambiar la hora. Hemos ganado todos. Yo un lector y usted una sonrisa (o eso espero).

SOY POSITIVO

El otro día se me ocurrió decir a mis amigos que era positivo y de inmediato me dejaron solo en la terraza donde estábamos tomando unas cervezas.

Es sorprendente el modo en el que las mismas palabras cambian de significado en función del contexto temporal. Antes de la irrupción del mal gusto televisivo con el programa Gran Hermano de Tele5 como máximo exponente, estar “nominado” tenía connotaciones muy favorables, como por ejemplo, estar nominado a los Oscar de Hollywood. En cambio, actualmente estar “nominado” implica tener un pie más fuera que dentro del lugar que se habita.

Con la llegada de la pandemia, ha ocurrido lo mismo con el término “positivo”. Si antes ser positivo constituía mantener una actitud favorable ante la vida, a día de hoy ser “positivo” implica un riesgo que conlleva tener un pie más dentro de la UCI que fuera.

Por estas razones que acabo de exponer, resulta de vital importancia la lectura. Cuando empleo la palabra “vital”, la empleo intencionadamente en todas sus acepciones. Es decir, que la falta de lectura nos aleja de la veracidad del significado de la vida y nos aproxima inexorablemente al fin intelectual de nuestros días. 

Por su propio bien y muy especialmente hoy, Día de la Biblioteca, les encomiendo al acto de la lectura de modo regular, intenso y apasionado para conocer el verdadero alcance de cada palabra antes de ser usada gratuitamente en público. Es el único modo de continuar siendo positivos en circunstancias negativas y de ser nominados a la mejor interpretación como protagonistas de nuestra propia vida. 

Para acabar, los profesionales de la comedia suelen desear suerte a sus colegas con la expresión «mucha mierda». Pero como el contexto actual no invita a acudir en masa al teatro y no deseo que malinterpreten mis palabras, les deseo simplemente mucha salud (que a día de hoy, es lo único importante en todas las acepciones posibles de la palabra salud que recoge el diccionario de la Real Academia Española de Lengua).

CAMA Y MANTEL

Dicen que el comer y rascar, todo es empezar. En cuestiones de flirteo pasa algo parecido: para comerse algo en la cama, también hay que empezar rascando el bolsillo.

Hoy en día, invitar a una persona a cenar para después recibir la invitación a disfrutar de un postre de arrumacos y abrazos en posición horizontal es necesario pedir un crédito o justificar al menos las tres últimas nóminas. 

El paralelismo entre el arte gastronómico y el arte del flirteo sexual viene de lejos. Me podría remontar al momento en el que bastó simplemente una manzana para seducir a una mujer o llevar hasta sus últimas consecuencias el refrán «a los hombres se les conquista por el estómago» dando por perdida la mitad de la nomina mensual.

Pero seré más contemporáneo y hablaré de las recetas gastronómicas elaboradas para enamorar a quien se desea comer después entre sábanas. Si todo empieza por rascar, nada mejor que empezar rascando unas patas de nécora o una cola de bogavante. Si el rascar marisco no es posible, como es mi caso (maldita alergia), lamer media docena de ostras crudas con limón o un cuarto de kilo de almejas al vapor constituyen un excelente sustituto como preámbulo a saborear otros manjares a posteriori. 

Hay muchas otras similitudes sobre el sexo que tienen su caldo de cultivo en la gastronomía (el uso de la palabra caldo es intencionado, supongo que se habrán percatado). La mesa, por ejemplo. Todos los que han visto la película “El cartero siempre llama dos veces” recordarán la famosa escena de la mesa en la cocina donde Jessica Lange y Jack Nicholson se devoran mutuamente. O aquella otra escena de la mesa en el restaurante de la película “La escafandra y la mariposa” en la que sus protagonistas engullen manjares mientras se dan un banquete de miradas obscenas.

Puede que sea esa la razón por la que los manteles de las mesas de las mejores casas de comida estén confeccionados con el mismo tejido que están confeccionadas las sábanas más suaves al roce epidérmico. A fin de cuentas, todo puede dar comienzo en un sitio y terminar en otro. 

Les dejo que voy al mercado a comprar manzanas. Llevo flirteando varias semanas con la frutera y ardo en deseos hincarle el diente, aún a riesgo de ser expulsado del paraíso de la soltería.

NUNCA ES TARDE

Tuve un marido taxidermista. Él mismo cazaba furtivamente los animales que después disecaba en casa y vendía a precio de oro en el mercado negro.

En el frigorífico de la cocina, convivían las lechuzas recién muertas con las lechugas más frescas, y las crías de corzo con las criadillas de cordero al ajillo. Decir «convivían» es eso, un decir, porque todo lo que cruzaba la puerta de casa estaba más muerto que vivo. Y si quedaba algún resquicio de vida, ya se encargaba mi marido de rematar al bicho con un tiro de gracia (en la terraza concretamente). 

A veces, se colaba en la sopa alguna pluma de pato Ánade. En otras ocasiones se sustituía el sabor de las colas de bogavante de la paella por el sabor de una garza africana abatida en vuelo en pleno proceso migratorio. No había día en el que al abrir la nevera no me encontrara con una especie al borde de la extinción con su vida extinguida por completo.

Con el paso de los años, la experiencia de la cocina tuvo más de experimentación que de gastronomía. En cierta ocasión, en una cena con amigos, mi marido nos sorprendió con un guiso de creación propia que fue alabado por los comensales a la altura de un manjar propio del Bulli sin percatarse de que habían ingerido los restos de casquería de un ejemplar protegido de lince ibérico peninsular. Ninguno preguntó por la receta. Tampoco hubiera habido respuesta.

Por fortuna, el éxito de ventas de animales disecados llamó a la puerta tan fuerte y tantas veces que los golpes despertaron mi conciencia dormida y no tuve más remedio que llamar a la Guardia Civil para que se llevasen esposado a mi esposo asesino de animales. 

Desde entonces no he vuelto a probar carne de ningún animal. Especialmente de ningún hombre. Me produce indigestión.

NUEVA NORMALIDAD, NUEVA LITERATURA

Desde que hay aforo limitado en los espacios públicos por culpa de la Covid me estoy quedando sin inspiración para mis artículos. Si antes bastaba el trayecto en Metro entre las estaciones de Argüelles y Avenida de América para escuchar trece o catorce conversaciones y extraer trece o catorce temas que derivasen en sendos trece o catorce artículos, ahora en cambio, apenas saco para un par. 

El arriesgado trabajo de colaborador en prensa como articulista de raza que obtiene información a pie de calle, implica (en mi caso particular) pegar el oído a las conversaciones ajenas, a ser posible de modo discreto y sin levantar sospechas entre los contertulios. Pero a día de hoy, el maldito virus nos ha obligado a todos a mantener una distancia interpersonal de dos metros y claro, así no hay quien escuche nada de nadie.

Tampoco ayuda mucho tener la boca cubierta por una mascarilla a pesar de existir un inmenso catálogo de diseños con variedad de formas y colorines para todos los gustos y disgustados. Con el dineral que me costó el master para aprender a leer los labios, ahora tampoco hallo asuntos de interés ante la imposibilidad física de descifrar el movimiento de las bocas más parlanchinas. A lo que hay que incrementar la dificultad añadida de mirar de frente y directamente a los ojos. Como tampoco nadie aguanta la mirada más allá de unas décimas de segundo, así no hay quien trabaje en este país y menos este humilde colaborador que trata de ganarse la vida con retazos de vida de los demás.

Por lo tanto, si de ahora en adelante lee uno de mis artículos y no le satisfago intelectualmente como lo hacía antes de la omnipresencia en nuestra cotidianeidad del virus pandémico, no deje de hacérmelo saber por escrito. A falta de inspiración extraída en la calle de conversaciones ajenas, me conformo con lo que salga de las conversaciones que mantengamos por escrito usted y yo. Puede que sin desearlo nazca una oportunidad donde a todas luces existe una debilidad constatada. Algunos lo llamarán «nueva normalidad», en cambio yo prefiero llamarlo «marketing literario».

COSAS DE NIÑOS

¿Por qué si te muerde un lobo te conviertes en hombre-lobo y en cambio, si te pica el gusanillo te da hambre? Es la pregunta lanzada por mi hijo de seis años en el desayuno de esta mañana. Anda, termínate el plátano que vamos a llegar tarde al colegio, he contestado esperando que el plátano sacie su hambre de conocimiento y mi respuesta satisfaga su duda (que ahora también es mía). 

Intuyo que la pregunta de mi hijo nace tras el visionado de la película Spiderman en la que el joven protagonista adquiere poderes arácnidos tras ser inoculado con el veneno que almacena el bicho en sus quelíceros.

A su pregunta sobre la causalidad inexplicable de la Madre Naturaleza, que aún continúa sobrevolando mi cabeza, se han unido otras cuestiones de índole inverosímil se miren como se miren. ¿Por qué el oso-hormiguero se llama oso-hormiguero? ¿Acaso su padre es un oso y su madre una hormiga? ¿Es mejor saber mucho de poco o saber poco de mucho? ¿Por qué el BIC naranja escribe fino y el BIC cristal escribe normal?

La sucesión de misterios sin resolver está creciendo a pasos agigantados en el desánimo de mi ser desde esta mañana a la hora del desayuno. El caso es que llevo sin vivir en mí todo el día y parte de la noche, ya que son las tres de madrugada y aún no he pegado ojo hallando más preguntas sin respuesta que respuestas a alguna pregunta. ¿Será que la vida no tiene sentido o que el sentido de la vida no tiene sentido alguno? 

Cuando se es padre de familia, el sentido a todo lo aportan los hijos. De ellos debemos aprender que para enseñar ya está la vida (concretamente la vida que ven ellos a través de su mirada).

Aquí lo dejo para que ustedes sean partícipes de las sombras que oscurecen mi día a día y al mismo tiempo aportan luz suficiente para iluminar las noches en vela.