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DE CARAVAGGIOS Y LUCIÉRNAGAS

El coleóptero Lampyris noctiluca, más conocido simplemente por luciérnaga, debe su nombre común a la capacidad innata de brillar en la oscuridad de la noche. Rodeado de tinieblas, el minúsculo insecto se expone a ser devorado por la ingente cantidad de animales de presa que pueblan la noche mas cerrada. Aun a riesgo de perder la vida, la luciérnaga ofrece uno de los espectáculos más bellos que la Madre Naturaleza regala a la vista del ser humano.

El genio italiano de la pintura de los siglos XVI y XVII Michelangelo Merisi da Caravaggio, más conocido simplemente por Caravaggio, sabía que para que brillara la luz en las figuras de sus lienzos, tenía que existir sombra alrededor.

En estos días sombríos, estamos siendo deslumbrados por la generosidad de la creación artística que ilumina con su talento los días más oscuros de nuestra vida a través de innumerables propuestas compartidas en foros y redes sociales digitales.

Puede que la visión del vuelo nocturno de una luciérnaga o el deleite visual de un lienzo de Caravaggio ante nuestros ojos sea una experiencia única en el mundo. Una emoción que disfrutamos en contadas ocasiones en nuestra corta vida, casi siempre más centrada en prestar atención únicamente a ilusiones efímeras sin valor trascendental alguno. Por esa razón, en los momentos de oscuridad que vivimos, deberíamos estar eternamente agradecidos a los creadores que están iluminando con la luz de su talento el camino tenebroso que todos recorremos cada día y cada noche.

Si no fuera por aquellos creadores y creadoras que comparten su trabajo, el trabajo de quedarse en casa sería una esclavitud. Amemos la cultura porque la cultura nos hace libres (incluso estando encerrados).

BRUMMEL

Voy a parafrasear aquel anuncio de televisión de los ochenta que decía “En las situaciones difíciles, es cuando la colonia de un hombre se la juega”. Bueno, en realidad no decía “en las situaciones de difíciles” sino “en las distancias cortas”. Pero lo traigo a colación aquí y ahora para tener algo interesante que contar en estos momentos de crisis en los que hace semanas que no nos ponemos colonia para salir a la calle porque no salimos a la calle desde hace semanas.

No deja de ser curioso que la colonia más pestilente del mercado tenga el anuncio de colonia más memorable de la historia (otro claro ejemplo de la incongruencia del mundo del marketing). A pesar de continuar a la venta en el mercado, no conozco a nadie que la use. Aún así, todo el mundo recuerda el anuncio incluso después de varios lustros de haber dejado de emitirse por televisión.

En aquellos años 80 de la Movida Madrileña y de quietud en el resto de España, los creativos publicitarios diseñaban los anuncios de colonia de hombre para convencer a los hombres de que podían llevarse a una mujer a la cama si usaban la colonia. En tan solo veinte segundos, el protagonista del anuncio de televisión tenía tiempo suficiente para terminar una partida de billar metiendo todas las bolas y acabar metiendo otra cosa gracias a la colonia en la cual se había embadurnado antes de afilar el taco.

Discúlpenme la concatenación de metáforas, pero cuando hablamos de publicidad, la alegoría es una figura retórica estilística muy recurrente siempre que se quiera decir una cosa sin mencionar explícitamente la cosa en sí (lo sé porque lo he estado haciendo durante más de 20 años).

Me huelo que la situación actual de crisis sanitaria va a durar mucho más que un intermedio de una película de Antena Tres. Por eso, si aquel anuncio terminaba diciendo “mejor cuanto más cerca”, lo que ahora debemos hacer es estar “mejor cuanto más lejos”.

Por lo tanto, quédense en casa viendo anuncios en la tele. O, mejor, jugando al billar con su pareja (y esto, también es una metáfora).

LO QUE DE VERDAD IMPORTA

Hay coches que viven mejor que las personas. El mío, por ejemplo, duerme en el garaje a cubierto cada noche (algo que algunas personas no pueden permitirse ni de día).

Hay días que llega a ingerir combustible en tres ocasiones, o lo que es lo mismo, le doy alimento para seguir adelante mañana, tarde y noche (algo que algunas personas tampoco pueden permitirse, en este caso, ningún día).

Cada fin de semana, le lavo por fuera y también por dentro (algo que algunas personas sueñan con hacer al menos una vez al mes). Y cada año, pasa una rigurosa y exhaustiva revisión técnica que es lo mismo que decir que se hace un chequeo médico de la cabeza a los pies, aunque en su caso sería más correcto decir desde el embrague hasta el tubo de escape. En cambio, pocas personas pueden permitirse un análisis de sangre al año para detectar anomalías cardiacas, subidas de colesterol o formalizar un estado físico generalizado de carácter óptimo.

Además, mi coche recibe un informe anual de los niveles del líquido de frenos, del anticongelante y del agua del radiador que despertarían los elogios de cualquier cuadro médico de cualquier hospital (incluso privado).

El navegador con GPS que viene instalado de serie por la marca alemana (aunque la mano de obra sea de un país del este), me lleva al destino que deseo, en el tiempo que deseo y por la ruta que deseo. Por el contrario, hay miles de seres cuyo destino está en manos de indeseables que trafican con humanos por rutas en las que es más fácil perder la vida que encontrar el camino de huida del hambre, la violencia y la miseria.

Por todo ello, he decidido poner a la venta mi coche de importación y prestar atención a las personas que importan. No sé si mis actos me conducirán a buen destino, pero estoy seguro de que nadie me quitará puntos por adelantar a los demás pasando por encima de ellos en lugar de hacerlo siguiendo las normas del código de circulación.

En la vida como en la carretera, lo primero son las personas.

UNA PRIMAVERA MENOS

Estamos tan deseosos de acabar de una vez por todas con el confinamiento que contamos los días hacia atrás.

Cada día de la semana, a las ocho en punto de la tarde, tras el ritual de ovación a los sanitarios y a todas aquellas personas a las que estaremos eternamente agradecidos (y espero sean recompensadas con mejoras laborales también eternamente), por encima de los aplausos se alza una voz de un vecino que grita: «Ánimo, que ya queda un día menos».

Supongo que su grito de coraje será debido a la aflicción que supone la imposibilidad de pisar la calle por decreto gubernamental. Aunque siempre que escucho vocear su frase, me asalta el mismo pensamiento: Si no es feliz en su casa, tampoco creo que lo sea en la calle .

En lo que a mí concierne, mi deseo sería que lo que nos quedara fuera un día más de vida para recuperar cada uno de los días que se han ido desde el pasado 15 de marzo (y seguirán yéndose). Es decir, tantos días de más por tantos de menos.

El tiempo es lo más preciado que puede atesorar el ser humano. No es necesario poseer la sensibilidad del poeta Walt Whitman para darse cuenta de ello. Basta con leer su bellísimo poema “Carpe Diem” para ser conscientes de que cada día de vida es único.

Cuando en el futuro contemos a nuestros nietos qué hacíamos en la primavera del 2020 muchos responderán: “Aquella primavera no existió”. Salvo para quienes sepan que toda primavera está recogida en la poesía de Whitman.

Aprovechemos cada día de confinamiento para leer a Whitman, puede que lo más parecido que sintamos a la primavera se encuentre en los versos de sus poemas.

EL HUMOR LO PUEDE TODO

De las mil y una cosas que me gustan de mi novia, lo que más me fascina es su sentido del humor. Ante cualquier circunstancia, por muy extraña, difícil o penosa que parezca, ella sabe sacarle el lado humorístico. Y si no lo tiene, lo añade de su propia cosecha.

Es digno de admirar el modo en el que sabe superar un momento complicado o resuelve una situación inesperada. Con un despliegue exquisito de sentido del humor, soluciona todos los problemas antes incluso de que sean problemas. Puede que sea esa la razón por la que continúo tan sumamente enamorado de ella desde el día en el que nos conocimos (sentimiento que trato de demostrarle con gran dedicación entre las sábanas cada noche y que no voy a detallar aquí y ahora).

Cuando la situación se pone negra, ella le pone humor negro. Y si hay japoneses de por medio, le pone humor amarillo. Nadie cuenta los chistes verdes como los cuenta ella. Y cuando se vislumbra un marrón a la vista, ella recrea jocosamente una anécdota íntima y personal que haría enrojecer aún más hasta el mismísimo Santiago Carrillo (que gloria esté o donde sea que estén los comunistas ateos cuando se retiran del mundo de los vivos).

El pasado sábado, mientras nos divertíamos haciendo el amor a la hora de la siesta, en pleno éxtasis coital la llamé sin darme cuenta por el nombre de mi antigua exnovia. No sé en qué estaría pensando. Por un momento creí que el dichoso desliz me costaría la relación. Me quedé blanco. Pero ella le dio la vuelta al asunto con su inigualable sentido del humor. Y sin prestar apenas atención a mi descuido, me confesó que a ella le pasa lo mismo: que cada vez que hace el amor con mi exnovia, grita su nombre.

Me lo tomé de la única manera posible, con humor.

HUMILDAD

La realidad está demostrando que el corona virus no entiende de fronteras, clases sociales, estatus económico, raza o religión. Tampoco entiende de partidos políticos, nivel intelectual, zonas geográficas, normas establecidas, costumbres arraigadas o tradiciones ancestrales.

La realidad está demostrando que nada humano le es importante. La economía no es importante. Ni la prima de riesgo, ni el IBEX 35, el Dow Jones o el Nasdaq y otros índices bursátiles que tan pronto suben como bajan y tanto montan-montan tanto como hicieron Isabel y Fernando (que en gloria estén).

Tampoco resulta importante acudir al trabajo a diario, ni al colegio o al instituto o la universidad de lunes a viernes. Ni los exámenes, ni los deberes, ni el suspenso o la matrícula de honor. No es importante la Liga de fútbol profesional, ni las Fallas de Valencia, la Semana Santa o la Feria de Abril. Tampoco es relevante el Eurogrupo, la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Senado y sus senadores o los congresistas y sus congresos ya sean los del Mobile, los de Naciones Unidas o los de Arte Contemporáneo en IFEMA.

Todos los límites impuestos por el ser humano a lo largo de siglos de existencia, los ha derribado en tan solo unos días un ser minúsculo imposible de ver a simple vista, pero fácil de reconocer por el olfato y el sentido del gusto.

Puede que el virus nos esté diciendo (a su modo enfermizo de decir las cosas) que todos los límites del ser humano son inútiles. Al final, va a ser cierto que todos somos iguales ante la ley (ante la ley del más fuerte, quiero decir). Y el ser humano, no es tan fuerte como se cree. Por eso debemos cuidarnos los unos a los otros, para ser fuertes y ser aún más humanos.

A fin de cuentas, somos lo único importante.

TU SUERTE ES MI SUERTE

Hay personas dignas de hacer historia, otras llamadas a pasar a la historia y también hay seres a quien la historia juzgará y obtendrán como veredicto el olvido más insondable de la historia.

Lo mismo ocurre con nuestros recuerdos. Sólo permanecen en la memoria aquellos que forman parte de nuestra historia. Una historia personal que cada uno de nosotros desea recordar una y otra vez con la misma sentida alegría del preciso instante en el que se vivieron.

Sin embargo, el cerebro humano olvida. Y lo primero que olvida es lo malo.
Lo hace como mecanismo natural de autodefensa. Puede que sea esa la razón por la que pronto olvidamos aquello que nos dolió y, por mucho que nos esforcemos en evocarlo, nunca alcanzamos recordar cómo sucedió, ni cuándo, ni por qué.

El cerebro es el que decide que todo dolor es pasado y que el pasado debe dejar paso a un futuro mejor. Cuestión de supervivencia. Ni más, ni tampoco mucho menos.

El día de mañana trataremos de rememorar el presente y será la mente humana la que lo haya borrado. Puede que sin darnos cuenta, o quizá como producto de la incesante actividad del transcurrir de los meses. El presente que hoy vivimos tiene de bueno lo mismo que tiene de malo. Serán los recuerdos quienes decidan la permanencia de las vivencias emocionalmente positivas frente al dolor experimentado, que se convertirá en historia para siempre. En historia olvidada. Esa misma historia que juzgará para bien a quien hizo lo imposible para que siguiéramos vivos y aquella historia que hará olvidar en el tiempo a quienes nunca han casado presente con futuro.

Si la mente humana borra lo malo, lo hace por nuestro bien. Empezando por tu propio bien. Porque si a ti te va bien, a mí me irá bien.

“Su suerte es nuestra suerte”. Una frase que nunca olvidaremos a lo largo de la historia que nos quede por vivir.

LA FORMA DEL ALMA

Estoy plenamente convencido de que el alma humana tiene forma. Mucha gente cree que la forma es algo exclusivo del cuerpo y que la única forma que podría tener el alma es la etérea, si es que la etereidad existe (algo de lo que dudo tanto como de la existencia de la propia palabra etereidad).

Pero yo no estoy de acuerdo con esta creencia. Conozco a personas con un alma cuadrada que es el reflejo tangible de su cuadriculada forma de pensar. También sé de almas circulares que vagan por la vida dando vueltas y vueltas sin que nada ni nadie sepa de dónde vienen ni a dónde van. Y hace poco descubrí un alma poliédrica capaz de adoptar cualquier posición sin cuestionarse cuál era la postura más adecuada para el logro de unos fines también completamente poliédricos (como sus principios).

Aunque de todas las apariencias posibles que ofrece el alma, el aspecto más fascinante es la forma líquida. Su virtud más característica es la de transformarse en solida o en gaseosa en función de las circunstancias ambientales (cuando digo gaseosa no me refiero a la silueta curvilínea de una botella de bebida carbonatada, sino a la forma de agregación de la materia).

Entre las capacidades innatas del alma líquida destaca la pluriformidad. Si se encuentra enfrascada en un asunto que se dilata más de lo debido, se pone rígida adquiriendo una solidez casi impenetrable. Y si la cosa se pone muy caliente, rápidamente encuentra el modo de evadirse variando de un estado sólido inicial al vaporoso en el instante preciso en el que la atmósfera no es de su agrado y el aire se hace irrespirable. Una sublimación algo sublime (perdón por la cacofonía).

Por otro lado, si el entorno está repleto de aristas con las que roza constantemente y resulta algo incómodo, pero no tanto como para renunciar a su calor, el alma líquida se deja fluir y en un santiamén se acomoda a cualquier rincón adaptándose a todos los pliegues existentes y cubriéndolo todo de sustancia acuosa. Se podría decir que el alma líquida cala hondo, como el sirimiri característico de la cornisa cantábrica.

Creo que ha quedado clara y cristalina mi posición respecto a las diferentes formas del alma líquida. En otro próximo articuento abordaré las diversas formas del pensamiento humano. Puede que me lleve más tiempo, ya que hallar diferencias entre uno y otro es arduo complicado. Últimamente proliferan mucho los pensamientos planos y, por otro lado, también resulta difícil encontrar un pensamiento lateral con el que hacer comparaciones ya que el pensamiento lateral se va siempre por las ramas. Aún así, trataré de ofrecerles contenido digno para llenar su mente abierta (o vacía, depende del lector).

LIMPIEZA INTERIOR

Además de la limpieza general a la que estoy sometiendo al interior de mi casa, también estoy aprovechando los días de confinamiento obligatorio para hacer limpieza de mi propio interior.

No se trata de un simple lavado de cara, sino más bien de una limpieza a fondo. Nada de guardar aquel sentimiento por si acaso pudiera valer en un momento de necesidad, ni reciclar la emoción que ya no se usa transformándola en un bonito servilletero donde guardar el paño de lágrimas. La limpieza está siendo completamente integral. Es decir, de dentro hacia afuera más que de arriba abajo o de pies a cabeza.

Al igual que le ha ocurrido a la casa, me he desecho de todo lo inservible, de lo que no cumple función alguna a día de hoy o dejó de cumplirla hace tiempo. Pero sobre todo, de las cosas que ocupan mucho espacio en un lugar reducido de por sí.

Los recuerdos nocivos han sido los primeros que han acabado en la basura. Después, les ha tocado su turno a los resentimientos con mayor arraigo (aquellos a los que se vuelve una y otra vez de modo incesante con enconado rencor). Y finalmente, me he desecho de las penas aferradas en el tiempo que han ido enmoheciendo el presente hasta dejarlo del todo irreconocible.

La cantidad de desperdicio acumulado ha sido de tal envergadura que mis mejores amigos se han preguntado cómo ha sido posible vivir tantos años en tal situación de síndrome de Diógenes emocional. No he sido capaz de ofrecerles una respuesta. “Para algo ha servido el tiempo del estado de alarma, ¿no?”– les he contestado a modo de excusa.

Al final, en mi corazón ha quedado tanto sitio vacío que no sé si tendré vida suficiente para volver a llenarlo.

ADIÓS, PLAYBOY

Me entero por el periódico que cierra Playboy. Sí, sí, esa revista que se lee con una mano. En el comunicado de prensa remitido por la directiva de la publicación, dicen que ha sido por culpa del corona virus. Maldita pandemia. Además de llevarse por delante a nuestros mayores, también se lleva nuestros mayores placeres.

La revista llevaba publicándose desde 1953, por lo que podría decirse que estaba en edad de alto riesgo. Y el capitalismo es como el virus, no tiene clemencia con los más vulnerables (en este caso, capitalismo y virus son sinónimos).

Parece ser que el problema venía de lejos. Según anticipó el mayor accionista de la compañía en una entrevista en 2013: “No estoy seguro de que el papel sea la mejor vía necesaria para comunicarnos con nuestros consumidores de aquí en adelante”. En aquel momento, no llegó a especificar quiénes serían sus consumidores “de aquí en adelante”. Pero quienes hemos sido consumidores “de atrás hacia aquí” somos más de papel que de pantalla digital (aunque ambas tipologías de usuario usemos necesariamente los dígitos para algo más que pasar páginas).

La historia de Playboy es la historia de varias generaciones. Desde su fundación, es la revista que más ha ido de mano en mano y también la más leída por las mismas manos frente a otras publicaciones similares. Cuando digo similares, me refiero a otras revistas de entretenimiento masculino (no hablo de la prensa rosa ni la amarilla cuyo contenido es oscuro casi negro).

Los dos aspectos que siempre han caracterizado a la revista y han llamado más la atención de sus lectores han sido su cuidada presencia exterior y su calidad interior, es decir, su portada y el póster a doble página. A lo largo de sus 67 años de vida han pasado por su exterior y por su interior (en ropa interior) actrices de la talla de Marilyn Monroe, Charlize Theron, Drew Barrimore o Pamela Anderson (mejor vigilante de playa que actriz, todo hay que decirlo). También cantantes como Madonna o Mariah Carey e incluso sex simbols como Marge Simpson luciendo su erótica silueta ambarina tan reconocible por niños y mayores.

Para finalizar la entrevista, el máximo accionista de la compañía editorial avanzó que “el plan estratégico será comercializar el nombre Playboy en casinos y clubes de todo el mundo como marca”. Lo que nunca llegará a saber el accionista es la gran marca que deja la revista Playboy en el universo, concretamente en la libídine del universo masculino.

Habrá que ir al quiosco a comprar el último número de la revista, corriendo.