CONTIGO PAN Y CEBOLLA

Pan y cebolla es la dieta de los enamorados. Al menos, así lo dice el refranero popular que tiene un alto índice de acierto en todas y cada una de sus expresiones. Y no sólo lo dice el refranero, también lo dicen los curas, aunque a su manera y de modo menos poético: en la salud y en la enfermedad. E incluso lo dicen los ingleses: I´ll forebear any burden in life being with you que para los que no tengan don de lenguas o sean de la cofradía del Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor, viene a ser algo así como “ninguna carga en la vida resulta pesada estando contigo”.

No voy a hablarles aquí del significado filosófico del pan que ha estado presente en nuestras vidas desde antes de Cristo y muy especialmente después de Él a raíz del milagro de los panes y los peces. Por eso, prefiero hablarles de la cebolla, concretamente de sus propiedades (que no quiere decir sea dueña de nada, salvo del puñado de tierra que habita para crecer). Sus principales activos son la alicina y la aliína que resultan beneficiosas para reducir la tensión arterial y favorecer la circulación sanguínea, por no mencionar sus poderes antiinflamatorios y antioxidantes. Puede que sea por esta última razón, por sus poderes, por lo que la cebolla gusta tanto a los enamorados. En primer lugar para que el amor no se oxide y en segundo lugar para reducir el riesgo de quemar la relación provocada por la flamígera convivencia diaria. Curiosamente en la comida de celebración del que se supone el día más feliz en la vida de una pareja, es decir, el día de la boda, jamás he visto que en los menús sirvan pan y cebolla, que sería lo suyo. Más bien sirven platos contundentes para que ningún invitado se quede con hambre. Por lo que podríamos afirmar que saciar el apetito de los invitados se antepone a saciar el amor de los novios, que ya tendrán toda una vida por delante para saciarse el uno del otro. Y para que no se les atragante tanto amor, nada mejor que racionarlo con una ingesta diaria de pan y cebolla, a ser posible siguiendo las recomendaciones de los dietistas que saben que a los hombres se nos conquista por el estómago y las mujeres por lo que sale de nuestra boca en forma de versos poéticos. Así fue como conquisté yo a mi exmujer, por lo que decían mis labios antes de comerle a ella los suyos. Lo malo es que de tanto usar la boca para recitar poesía, nada entraba por ella para alimentar el cuerpo, ni siquiera una migaja de pan, por lo que nuestro amor fue muriendo de inanición. De nuevo el refranero volvía a acertar: cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana.

La próxima vez que me dé por conquistar a una mujer, la llevaré a un restaurante de cinco tenedores con un menú de ocho primeros y doce segundos a elegir, bebida, postre y café incluido. Puede que así me asegure que no salte por la ventana y si le da por hacerlo, me tendrá abajo recitándole unos versos. El amor todo lo puede, hasta el hambre.

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