DEFENDER LO PÚBLICO DESDE LO PRIVADO

El término singular es singular en el  amplio sentido de la palabra singular. 
Hay quien usa el vocablo anglosajón single como sustituto del término singular para referirse a sí mismo en primera persona del singular con el objetivo de expresar de modo plural el estado civil de soltería y su completa disposición «a lo que surja». 

La singularidad de los singles no es equiparable a la particularidad de lo particular, aunque ambos conceptos compartan fines afines (perdonen la cacofónica, pero me venía a huevo).

Por otro lado, recurrir al género singular eleva la categoría de lo referido, frente al uso del plural que vulgariza todo lo que toca (debido al exceso o a la diversidad de unidades sobrantes, no sé). Por ejemplo, no es lo mismo dedicarse al negocio de “las aceitunas” que al negocio de “la aceituna”. El primero da la impresión de ser una simple tienda de encurtidos en un mercado municipal de capital de provincias, y el segundo indica un emporio de aceite de oliva virgen con sucursales en medio mundo incrementando notablemente su cuota de mercado al mismo tiempo que asciende su capital bruto.

Tampoco es lo mismo decir públicamente “me gustan los hombres” o “con una mujer me gusta más” que expresarlo en sus versiones singular y plural respectivamente (no entraré a explicar los matices en ninguno de ambos casos, mejor extraigan ustedes su propia conclusión).

Y hablando de concluir, para ir concluyendo este breve elogio al término singular, diré sin miedo a equivocarme que el logro colectivo (o plural) comienza por el esfuerzo individual, o lo que es lo mismo, por convertir en derecho civil lo que hace singular a una única persona o afecta particularmente al prójimo. Por esa razón, sería bueno para todos (empezando primero por usted) que apoyara siempre como individuo aquello que considere justo para los demás, aunque no le afecte directamente ni de modo implícito o sea ajeno a sus intereses.

Puede que en el futuro, su pequeña tienda de encurtidos sea absorbida por un gigante del negocio de la aceituna y se quede usted más solo que la una defendiendo todas aquellas cosas que le importaban de modo privado, y al final su vida acabe de modo singular siendo sólo una cosa. Es decir: una mierda.

MADRID ME MATA

El Metro de Madrid es el intestino de la capital de España. Viajar en la línea 4 desde Argüelles a Arturo Soria es realizar el trayecto de un torrezno en las tripas de un segoviano a la hora del aperitivo.

Desde que los vagones ya no están separados entre sí por una puerta, subirse al tren del Metro implica asumir los movimientos peristálticos de una ciudad que devora cada día de lunes a viernes a tres millones de ciudadanos (independientemente de su nacionalidad, sexo o religión).  

El momento de la ingesta coincide con la hora punta matinal, entre las siete y media y las diez de la mañana. A esa hora, los seres humanos son el sustento de una urbe que necesita ingerir energía física y emocional para subsistir el resto del día. Tras la digestión subterránea de varias horas, llega el momento de la evacuación de personas que coincide de nuevo con otra hora punta, pero llegado el ocaso de la jornada laboral. Muchos salen por donde han entrado. Otros, los menos, regresan por otros medios con el fin de mantener la dignidad que arrebata la oscuridad del enterramiento en vida.


El metro de Madrid es por tanto el órgano vital más importante de la ciudad. Después, y a larga distancia, están los parques y jardines que ejercen la función de los pulmones. Le siguen las carreteras por donde circulan todo tipo de vehículos a motor. Ellas son las arterias sanguíneas que unen norte y sur, es decir, cabeza y pies y también a todas las extremidades, o sea, distritos entre sí y barrios del alfoz con la Puerta de Alcalá. Y sin olvidar las continuas obras de mantenimiento de fachadas y tejados que son la epidermis de una vieja villa y corte tan arrugada como los papeles y bolsas de plástico tirados por el suelo que alfombran aceras de mole granítica infestada de goma de mascar. 


Se podría decir que la ciudad de Madrid es el Godzilla de las capitales de España y como monstruo despiadado, su insaciable hambre de humanidad es infinita. Por esa razón y para escapar de sus fauces es más saludable habitar en una capital de provincias limítrofe donde el único metro que existe es el que separa a un vecino de otro y no hay riesgo de acabar diluido por los jugos gástricos de una ciudad hiperfágica.

EL FIN DEL VERANO

Cuando aumenta el calor en verano, en el telediario no hablan de otra cosa. Como si no hubiera noticias más importantes por ahí. Todos los informativos utilizan los mismos recursos para ilustrar audiovisualmente el ascenso del mercurio del termómetro. Desde conexiones con las capitales más calurosas (Sevilla nunca falla), hasta recomendaciones médicas para paliar la oleada de calor (con declaraciones de médicos en bata blanca), pasando por imágenes “refrescantes” de jovencitas bajo duchas de playa y ancianos abanicándose espasmódicamente sentados en un banco a la sombra del castaño de indias de un parque urbano. También hay que decir que los fallecidos por golpes de calor dan bastante juego a los periodistas. No hay año que no palme algún que otro jubilado. Aunque yo creo que, como están más que hartos de este mundo, aprovechan la época estival para irse al otro barrio sabiendo que el calor acelera la descomposición, lo que para ellos es como una teletransportación a 20 gigas de velocidad ADSL.  

Todos los años por estas fechas se repite la misma historia. Pero a los periodistas les falla la memoria y repiten constantemente las mismas frases hechas como si fuera el primer estío que sufre la humanidad. De todos los informativos, me quedo sin lugar a dudas con el de Matías Prats (hijo). Ese hombre es un poeta. Sus chascarrillos son marca de la casa. He pensado en escribir a la Real Academia de la Lengua y proponer su candidatura como miembro de honor justificando la propuesta gracias al enriquecimiento del idioma con sus frases ingeniosas y llenas de “chispa” (aunque el término exacto debería ser: “caschisposo”). Ahora mismo no me viene ninguna frase de las suyas a la mente, pero cuando lleguen las tres de la tarde, hora de emisión en antena de su telediario, no me perderé su intervención ya que soltará alguna “perla” digna de esculpir en mármol de Carrara. No importa que el tema de actualidad sea cualquiera de las mil y una guerras que asolan a las poblaciones más empobrecidas del planeta, o el incremento del paro, o el irreversible cambio climático o la extinción del lince ibérico. El gran Matías Prats (hijo) siempre obsequia a su fiel audiencia con un par de palabras de doble sentido que logra quitar el sentido a los televidentes. Puede que por esa razón los televidentes que ven su cadena no tienen sentido crítico. Y si algún resquicio permanece, él consigue hacerlo desaparecer en un periquete (qué palabra, “periquete”).

Me pregunto qué será de su informativo cuando se jubile. ¿Quién le sustituirá? Podrían contratar a los del Mundo Today o al Señor Barragán. No están a su nivel épico, pero también dan mucha risa. Y total, como lo de menos es la credibilidad periodística, los índices de audiencia seguirían estables y los espectadores no notarán la diferencia. Es lo que tiene el verano, que hace que todo nos dé bastante igual, desde lo que pasa en el mundo hasta el modo de informar. Lo único realmente importante es que bebas mucha agua y camines siempre por la sombra, no sea que el calor te derrita el cerebro, si no lo ha hecho antes Matías Prats (hijo).

QUERIDO MARCELO:

A los pocos días de recibir tu carta a comienzos de julio, me llamó al móvil tu mujer. Dice que ha conocido en Torrevieja a un hombre que ha despertado en ella emociones que no siente contigo ni tan siquiera cuando erais novios y el mundo giraba a vuestro alrededor. Por los detalles extraídos de su conversación, la que gira ahora mismo entre las sábanas es ella. No voy a poner énfasis en el tamaño del punto exacto del cuerpo del hombre sobre el que está girando cada noche para no dañar tu masculinidad, pero imagínatelo.

Sabina, tu mujer, dice que te quedes con los tres niños. Que ella ya se ha quedado con ellos todos los fines de semana de vuestro matrimonio cuando tú tenías que salir de viaje a no sé donde. Dice que los fines de semana que se ha hecho cargo de los niños tras dieciocho años de matrimonio, suman una eternidad y que ya va siendo hora de que seas el padre que nunca fuiste de sábado a domingo.

El tema parece que va en serio, Marcelo. O sea, que será mejor que vayas pensando qué hacer con tu vida. En mi casa de soltero no hay sitio para ti ni para tus tres niños. Además, yo no tengo ni ganas, ni ánimo, ni tiempo para soportar tus neuras, que a día de hoy callaba por compasión, pero que ya no me sale de los cojones mantener en silencio. Llámame cabrón si quieres, pero desde que te enrollaste con mi novia del instituto en 1985 tenía ganas de devolverte la afrenta, y mira tú por dónde, el destino me ha puesto en bandeja la venganza y servida bien fría, cosa que agradezco porque llevo mal el calor veraniego.

Sabina dice que te busques un hotel, ya que el piso está a nombre de ella y se va a quedar con él. Además, también dice que la pensión la quiere en transferencia bancaria puntualmente cada primero de mes. “Ni un solo día de retraso, que hay poco tiempo que perder, mucho que gastar y no tengo el chichi pa’farolillos”, han sido las palabras que han salido de su boca.

Por cierto, el maromo con el que está ahora es socio de un bufete internacional de abogados que te hará la vida imposible si opones resistencia a sus demandas. Esto también me lo ha contado en la conversación telefónica después de decir lo del chichi pa’farolillos.

Como antiguo amigo, el único consejo que te doy es que cuides tu alimentación y hagas ejercicio, que ya estás en edad de riesgo y los disgustos del corazón afectan peligrosamente a las personas con problemas cardiacos, como es tu caso, y pasan olímpicamente de las recomendaciones médicas, como es tu caso, y desprecian su salud por zamparse una pizza familiar tres quesos con una lata de cerveza por ración, como es tu caso cada noche que Sabina no cocina para ti.

Del mismo modo que el destino me ha obsequiado esta dulce venganza después de 35 años, deseo que a partir ahora medites las consecuencias de tus actos. Como decía Pedro Navaja, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.

Hasta nunca, capullo.

Firmado, Anselmo.

QUERIDO ANSELMO:

Querido Anselmo, no te quiero ni contar el muermo que es estar de Rodríguez. Ha sido llegar el verano y mi parienta ha hecho las maletas, ha hecho mutis por el foro y yo he hecho de tripas corazón.

Mientras ella disfruta del apartamento en Torrevieja-Alicante y de todo Alicante que veranea en Torrevieja, me ha dejado de solipandis sin niños, sin la ropa planchada y sin nada de comer en el frigorífico.

Eso que dicen las malas lenguas que cuando estás de Rodríguez mutas en un playboy y conviertes tu casa en un lupanar es más falso que el máster de Aravaca de Pablo Casado. Cuando llego a las ocho de la tarde, después de un día insufrible de curro, de calor y de aguantar a todos los de la oficina que están también de Rodríguez, encuentro la casa vacía, la nevera vacía y, sobre todo, la cama vacía.

No ingiero nada caliente preparado por mí mismo (ni sé freír un huevo). Por eso, llamo a los de Telepizza que traen la comida a la puerta de casa a cambio de unas monedas de propina y una palmadita en el brazo acompañado de un guiño de ojo y de un “gracias muchachote”.

Así llevo veinte días (aún quedan diez más). Me veo algo más gordo. Quizá sea por el tamaño de la pizza tres quesos o por la cantidad ingente de latas de cerveza que acompaño cada ración. También puede que sea la falta de ejercicio o pasar las horas muertas viendo serie tras serie de Netflix, Amazon Prime y HBO (me he suscrito a las tres plataformas). Por otro lado, si mi mujer me viera con cuerpo atlético, siguiendo una dieta mediterránea y frecuentando más restaurantes veganos que plataformas digitales de cine pensaría que tengo una amante o un amante (o las dos cosas a la vez). Por eso, he decidido abandonar mi cuerpo y entregar mi mente a la intemperie de la dejadez estival. De este modo, cuando ella regrese de su mes de veraneo en Torrevieja podré asegurar al primer golpe de vista que no ha existido ningún amante en los últimos treinta días de ninguna clase (ni tampoco de sexo masculino, insisto). Lo que ya no sé, es si la mujer que encuentre yo ante mis ojos tendrá cuerpo atlético, habrá seguido una dieta mediterránea o ha frecuentado los restaurantes de lujo de Alicante (que dudo existan, por cierto).

Si al primer vistazo, noto alguna mejora en su apariencia física, te llamaré por teléfono para que me hagas hueco en tu apartamento de soltero hasta que se nos pase el cabreo. Te pondré al tanto cuando acabe el verano y valore la situación.

Atentamente, tu amigo Marcelo.

CHANEL Nº5

Cada mañana, antes de salir por la puerta de casa, me miro al espejo y sonrío. La sonrisa es lo último que me pongo encima tras echarme colonia y haberme atusado la melena rubia que tanto éxito tiene entre el público masculino (y parte del femenino).

Tanto lo primero como lo segundo, procuro que me dure todo el día. A veces, antes de entrar en la oficina, vierto nuevamente unas gotitas de perfume en el escote, como hacía Marilyn, para hacer acto de presencia en el trayecto que va desde el ascensor hasta mi despacho. Y para acompañar al aroma Chanel Número 5, suelo cambiar la sonrisa de salir de casa por otra sonrisa de oreja a oreja, que luzco a la cara de cada compañero de oficina y con todos aquellos jefes y supervisores con los que me cruzo, capaces de sostenerme la mirada en lugar de extraviar sus ojos en el canalillo de mis tetas operadas.

A media mañana, levanto la cabeza de la pantalla del ordenador y acudo al cuarto de baño para asegurarme de que la curva de la sonrisa no se ha invertido tras la lectura de emails, o ha adquirido cierta deformidad por el contenido de las conversaciones telefónicas. Lamentablemente, el espejo suele confirmar que los labios han perdido la elasticidad inicial de primera hora del día y manifiestan una rigidez más propia de un funeral que de un viernes. Pero no me afecta. Aprieto los dientes como si estuviera mordiendo un entrecot en lugar de morderme la lengua (que es el pedazo de carne que muerdo en realidad), y regreso a mi puesto de trabajo mostrando a los ojos de los demás, que no hay nada que no cure la actitud optimista y el sonido de mis tacones aguja repiqueteando sobre el parqué.

Al llegar a casa, tras ocho horas pegada al ordenador y dos horas más con el culo pegado en el asiento del transporte publico, caigo derrengada en el sofá de piel falsa de IKEA que compré hace dos años en la sección de saldos con tara. Es en ese momento cuando me doy cuenta una vez más de la mierda de vida que llevo. Puede que sea por eso por lo que todo huele tan mal a mi alrededor y tenga que gastar la mitad de mi sueldo en un bote de Chanel Número 5. Para eso, al menos me llega la nómina, pero para poco más. Puta vida.

SEXO, MENTIRAS Y CINTAS DE VÍDEO

“Sexo, mentiras y cintas de vídeo” es una película muy entretenida. La vi en su momento en el cine (allá por los años 80) que era cuando había cine en el cine y también cuando había cintas de video en casa y no por ello la gente dejaba de ir al cine.

Todos sabemos que las cintas de vídeo han desaparecido por completo. Por lo tanto, a día de hoy, del título de aquella película lo único que perdura son las mentiras (qué mala suerte) y el sexo (qué buena suerte).

“Sexo, mentiras y cintas de vídeo” fue escrita y dirigida por un veinteañero Steven Soderberg (sí, sí, el mismo de “Ocean´s Eleven”, “Ocean´s Twelve”, “Ocean´s Thirthteen” y seguramente otros quince o veinte más Ocean´s que están por venir). La película narra la historia de un hombre que graba en vídeo a mujeres hablando de su sexualidad, de su impacto en las relaciones de un matrimonio en crisis y muy especialmente en la hermana menor de la esposa del protagonista (esta última frase no es mía, la he copiado de la Wikipedia ya que después de tantos años, no recordaba muy bien el argumento como para realizar una sinopsis adecuada para ustedes).

Hoy viene a cuento hablar de esta película, porque la acaban de reponer en la tele. Y después de verla, me he preguntado la razón que me empujó a ir al cine en su momento. Me ha parecido un truño considerable (disculpen mi vocabulario barriobajero). A algunas películas, les ocurre lo mismo que a algunas personas, que no soportan bien el paso del tiempo. ¿Quién de ustedes se atrevería repetir una cita con aquel primer amor del instituto o continuar la aventura amorosa de primer curso de carrera universitaria con el mismo chico o chica (pero 25 años después)?

Todo esto me ha dado por pensar mientras el sopor de “Sexo, mentiras y cintas de vídeo” invadía la pantalla de plasma que compré el mes pasado de oferta en el Mediamarkt.

Al final, para justificar el pastizal que me costó la pantalla de plasma he sustituido la película “Sexo, mentiras y cintas de vídeo” por una peli porno en DVD. Al menos, con el porno sé quién miente y quién dice la verdad.

ALEGRÍA Y DOLOR

¿Por qué solemos adjetivar la alegría como grande y el dolor como profundo?

Si lo primero fuera tan insondable como lo segundo, sabríamos hasta dónde puede llegar el eco de la risa. Por su parte, la magnitud de una noticia extraordinaria se difuminaría en la lejanía del horizonte, y para quienes padecemos de miopía, el sentimiento no alcanzaría distinguir con nitidez lo que vemos más allá de nuestras propias narices.

Supongo que la alegría es grande y el dolor es profundo porque la hondura de la tristeza cala más hondo de lo que lo hace un chiste, cuyo efecto se olvida tan pronto como se apaga la risotada. Puede que la verdadera justificación esté en que además de perder vista con el paso de los años, el paso del tiempo hurga tan profundo en el corazón que cualquier daño cae hasta abajo no sin antes ir escarbando las paredes del hueco haciendo mas ancha la pena a su paso. 

Alegrarse por el bien ajeno es una emoción que convive habitualmente con el dolor del prójimo bajo el mismo techo, sobre el mismo suelo y entre las mismas paredes (aunque no exista techo físico, ni suelo ni paredes). Ambas sensaciones suelen alimentarse mutuamente, e incluso el sentimiento (aunque parezca opuesto) se exterioriza de igual manera. A veces, se hace de modo similar que resulta imposible distinguir si el llanto que brota incontrolablemente es por una razón o por otra.

¿A quién no se le ha escapado una carcajada viendo la desgracia ajena? (cuando alguien resbala con una cáscara de plátano, por ejemplo). ¿O quién no ha derramado lágrimas de impotencia por el éxito del prójimo que juzga egoístamente concluyendo ser inmerecido, parcial o arbitrario?  (un premio literario a un autor/a sobrevalorado, por ejemplo).

Quizá por eso, para no sentir ni expresar alegría o dolor lo mejor sea dejar la mente en blanco y vaciar del todo el corazón. De este modo no hay riesgo de caer en la negrura de la pena o regodearse en la inmensidad del júbilo. Sería una opción legítima para continuar con una vida placentera, completamente insulsa y plana (aunque sin grandeza ni profundidad).

SIZIGIA

En astronomía, el término sizigia define la situación en la que tres objetos celestes se alinean en el espacio estelar de modo fascinante para la humanidad terrestre.

A pesar de no saber nada de nada de ciencias, me siento atraído por lo inexplicable del mismo modo que se siente atraído un científico profesional. Con la notable diferencia de que el científico busca respuestas y yo me conformo con acceder a las preguntas, aunque no busque solución a muchas de ellas (ni maldita la falta que hace).

La sizigia más conocida por los habitantes del nuestro planeta es aquella que se produce cuando el plenilunio se sitúa a medio camino entre la tierra y el astro sol. El fenómeno proyecta sobre la superficie terrestre el inmenso perímetro de su esfera dejando a oscuras el terreno que cubre en toda su extensión. Técnicamente, según afirman los expertos, sol y luna están en conjunción y oposición a la vez. Podría decirse que tanto el sol y la luna son como Isabel y Fernando. Es decir, tanto monta monta tanto el uno como la otra y viceversa. Pero nada más lejos de la realidad (especialmente lo segundo)

Desconozco el origen de la expresión que usa la metáfora de la alineación de planetas para ilustrar los momentos de casualidad (y causalidad) o aquellos de oportunidad que resultan beneficiosos para el ser humano.

La mayoría de habitantes define el fenómeno de interposición estelar con el término eclipse. Es un concepto demasiado poético que no tiene nada que ver con el momento específico que tanto agrada al ser humano y que podría definirse simplemente como coincidencia.

Por el contrario y por lo que a mí respecta, hay personas que se cruzan en el camino y ensombrecen la vida en la tierra como si en lugar de iluminar quisieran cegar por completo para no alcanzar nunca metas ni objetivos. Si eso no es una señal para enviarlas a otro planeta, ya me dirán ustedes qué se puede hacer con ellas. ¿Algún científico en la sala que pueda ofrecer respuestas a tanta estupidez humana?

SECUESTRANTE

Si es usted leyente dominical, conocerá sobradamente mis hábitos de lectura. Pero en el caso de ser leedor/a neófito o esporádico de este blog, sepa que mi frecuencia y gusto lector va desde un libro por semana (casi siempre de narrativa) o de ensayo (con menor frecuencia) o poesía (dependiendo de mi estado emocional).

La sana costumbre de leer todo lo que cae en mis manos se extiende a los prospectos medicinales, etiquetas de latas de conserva o epitafios sacramentales. Del mismo modo que jamás pierdo la oportunidad para conocer el origen del hombre explicado por Darwin en “El origen de las especies”, o “El origen del universo” descrito por Stephen W. Hawking, o “El origen del mal” narrado por Tolstoi, tampoco desperdicio la ocasión para descubrir el origen del Nolotil detallado en su caja o el verdadero origen de los judiones que dice afirmar la etiqueta con la frase “de La Granja”.

Conocer lo que te llevas a la boca es tan importante como saber lo que te metes en la cabeza. Por esa razón, resulta tan importante leer lo que pasa por la mente de reconocidos intelectuales como lo que pasa por las góndolas de  conocidas grandes superficies.

Digo esto último porque en la etiqueta de las lentejas cocidas que acabo de comprar en el Aldi de mi ciudad se puede leer un ingrediente que nunca leí anteriormente ni supiera de su existencia. Su nombre: secuestrante.

La Real Academia Española de la Lengua no recoge el término secuestrante, por lo que para sacar las dudas han entrado en mi cabeza, he recurrido a la Quimipedia, que es la versión digital del María Moliner de los elementos químicos. Y lo define como Sustancia química que forma un complejo de coordinación por ciertos fosfatos con iones metálicos en solución, evitando las reacciones normales de precipitación de estos últimos”

Como supongo que no se han enterado de nada del mismo modo que tampoco me enteré yo (será porque ambos somos de letras puras), he decidido sustituir el bote de lentejas cocidas por un puerro de cultivo biológico, que sé lo que significa y conozco su origen casi tan bien como Hawking conoce el universo.

Hay que vigilar lo que nos llevamos a la boca, especialmente si son palabras de significado incomprensible. Las consecuencias pueden ser fatales para el organismo e irreversibles para el intelecto.

Por su propio bien, nunca dejen de leer lo que caiga en sus manos (y especialmente las etiquetas de los productos que nos venden en el supermercado).