LA REVOLUCIÓN DE LAS PEQUEÑAS COSAS

Dicen que Dios está en los detalles. Aunque nadie de quien lo dijo concretó si se refería a los complementos que mejor combinan con un vestido de gala o si lo dijo por quedar bien, que por otro lado sería un detalle divino. Mies Van der Rohe, el archiconocido arquitecto alemán, también dijo que Dios estaba en los detalles, aunque antes de decirlo tuvo el detalle de renunciar a su nombre de pila (Ludwing) para no ser confundido con otro Ludwing (Beethoven) también alemán y también otro genio, aunque éste último de la composición. Por mucho que Van der Rohe dijera que Dios está en los detalles, yo por más que miro a mi alrededor no veo detalles que delaten su presencia (la de Dios quiero decir, la de Van der Rohe la veo cada día cuando pongo mi culo sobre una silla “Barcelona” original de 1953 que me costó un riñón y parte del otro en un anticuario de París. No miento, aún tengo la cicatriz cicatrizando en mi cuenta corriente). En realidad lo digo porque cuando salgo de casa, ninguno de los vecinos de mi comunidad tiene el detalle de cederme el paso al entrar o salir del ascensor. Tampoco veo a nadie tener el detalle de ayudar a María, la anciana del sexto piso a cruzar la calle cuando el semáforo está en verde para los peatones (y eso que la pobre no sabe cuándo está en verde porque es invidente). En el autobús, ningún pasajero tiene el detalle de ceder su asiento a Josefina, la mujer embarazada que aún acude a su puesto de trabajo a dos semanas de salir de cuentas. Y en mi propio puesto de trabajo, no hay compañero de oficina que tenga el detalle de informarme de la presencia del director cuando éste hace acto de presencia para observar el rendimiento de la plantilla. No me cabe duda que la suma de detalles otorgaría humanidad a los humanos y honraría a su creador, es decir, a Dios (para quien sea creyente), y sus engendradores (para quien sea laico).

Al final son las pequeñas cosas las que nos hacen grandes, y tener un detalle puede ser lo más grande que se llegue a hacer en este mundo donde nadie tiene un detalle con nadie, ni siquiera en Navidad, esa fecha tan propicia para tener detalles con quien no los tienes el resto del año. Si es cierto eso que dicen que Dios está en los detalles, creo que sería un detalle ser detallista con el prójimo. A fin de cuentas Dios nos hizo a su imagen y semejanza, que es lo mismo que decir que la humanidad está en cada uno de los detalles que tenemos el uno con el otro. O sea, usted conmigo y yo con usted.

Ahí lo dejo, y de paso aviso que mi cumpleaños es el próximo miércoles (lo digo por si quieren tener un detalle con un servidor).

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