EL VIBRADOR

Hola, me llamo Carmen (es mentira, pero así me pone nombre). Me he tomado la libertad de escribir para confesarle que soy bastante seguidora de su página de artículos que sigo desde hace tiempo y visito prácticamente a diario. Leo las historias de sus protagonistas y muchas de ellas me excitan. Lo reconozco sin tapujos. Me ponen tan caliente que no puedo evitar tocarme. Cuando digo tocarme, no digo palmarme como si llevara un arma encima. Me refiero a tocarme mis partes íntimas, o sea, en el lugar exacto donde los dedos cumplen una función más eficaz que la de servir para llevarse la taza del desayuno a la boca o la de estrujar la esponja de la ducha para exprimir el gel hipoalergénico del Mercadona. Cuando lo estoy haciendo (lo de tocarme quiero decir, no lo de exprimir la esponja del baño), pienso en cómo sería mi vida si protagonizara alguna de las historias que usted cuenta, y me pongo a cien pensándolo. Desde la primera línea, comienzo a sentir un cosquilleo por el lugar que evito describir, pero que se halla entre la parte superior de los muslos izquierdo y derecho, y a los pocos segundos, cuando voy por la tercera línea, sin yo quererlo, comienzo a segregar un líquido de densidad indefinida que humedece los pantalones vaqueros después de haber empapado lo que hay debajo y que tampoco voy a describir, pero que sepa usted que son de marca La Perla. Ahora no recuerdo con qué artículo fue con el que gemí hasta la extenuación cuando iba en el autobús que me lleva a la Universidad Complutense de lunes a viernes donde soy catedrática y docente de varias asignaturas de una facultad que tampoco voy a describir, pero que sirve para ser periodista, presentador de televisión o locutor de una emisora de radio, entre otras cosas. También he de reconocer que releo aquellos escritos publicados con anterioridad en su página web o blog (o como se defina) y que me provocaron en su momento un rubor de dimensiones desconocidas por mí hasta la fecha y que su segunda lectura han incrementado notablemente la sensación primigenia. Como doctora en humanidades con el grado “Cum laude” (la palabra “Cum” no tiene segundas interpretaciones en inglés, no me sea usted mal pensado), confieso una profunda admiración por su prosa y sueño con que sea usted quien rellene otras profundidades corporales de mi naturaleza humana y que no voy a describir, pero que tanto usted, por el hecho de ser hombre, como muchos de sus lectores y lectoras, a quien considero inteligentes por el simple hecho de ser fieles leedores de sus artículos, reconocerán sin empeñar mucho de su tiempo en ello. Pero a sabiendas de que usted no tendrá a bien obsequiarme en ningún momento de su azarosa vida cotidiana con el favor que le requiero y demando cubrir (o que me cubra, para ser más concreta), he tenido a bien adquirir “vía online” uno de esos objetos a pilas que sustituyen al miembro viril masculino en aquellos momentos de debilidad (o fortaleza, según se mire) femenina. El objeto en cuestión que no voy a describir, pero cuyas dimensiones podrá usted imaginar y que se define por la función que desempeña y que no es otra que la de vibrar enloquecidamente allá donde sea introducido, está generando en mi ser por su uso continuado, un conjunto de emociones muy similares a las que sentía anteriormente con la lectura periódica de sus artículos. Por lo que tras mucho meditarlo, y muy a mi pesar, he tomado la decisión de prescindir del placer que obtenía casi a diario leyendo su blog y me he entregado en cuerpo y alma (más en cuerpo que en alma) al uso y disfrute del artefacto adquirido por internet y que no voy a describir, pero que recomiendo encarecidamente a sus lectoras femeninas, a pesar de que ello conlleve una reducción considerable del número de visitas a su blog, como ha sido mi caso particular. En conclusión, doy por finalizada nuestra relación que no voy a describir, pero que despido con un sentido: ha sido un placer conocerle. Firmado: Carmen.

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Un Comentario

  1. El Alquimista

    BRAVO..!!!
    A mi lo que me excita sus artículos son las neuronas… no puedo dejar de pensar todas las mañanas en cuado sonará la alarma de mi movil que avisa de que su Nada que Objetar me ha llegado.
    Espero me siga usted excitando.
    Un saludo

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