PENSAR ES MALO PARA LA SALUD

Hay miles de anécdotas a lo largo de la historia en las que un hombre (o una mujer) dieron un paso adelante sin pensar y cambiaron su mundo para siempre. Gracias al hecho de dar un paso adelante, se avanza considerablemente en cualquier aspecto. Y gracias al hecho de no pensar antes de hacerlo o mientras se hace, el paso resulta definitivo.

Podría ponerles muchos ejemplos sobre este asunto que son míticos y han pasado a los anales de la historia (anales, qué palabra). Pero prefiero que hagan un ejercicio introspectivo y piensen en aquello que hicieron ustedes mismos en el pasado sin pensar y les cambió su vida en el presente y para siempre. Quizá dijeron “Sí, quiero” sin pensar a la persona equivocada. Puede que tacharan sin pensar la casilla errónea a la hora de seleccionar una carrera universitaria y después fueron el número 1 de su promoción. O a lo mejor, dijeron algo fuera de lugar a alguien en un momento determinado en un ataque de ira-rabia-furia o como ustedes quieran llamarlo. Todo ello puede que les cambiara la vida, para bien, o quizá para mal, pero cambió de cualquier forma.

Aquello que hacemos sin pensar lo camuflamos en forma de instinto. También somos tremendamente atrevidos para llevar a cabo acciones que disfrazamos como si fuera un impulso. O aquello que sabemos que tarde o temprano hay que afrontar, lo terminamos haciendo sin pensar y lo justificamos diciéndonos a nosotros mismos que “ha sido un arrebato”.

Lo que hacemos sin pensar es lo que finalmente marca nuestras vidas. Se suele decir que nos arrepentimos más de lo que no hemos hecho que de lo que hacemos. Pero es mentira. Sólo nos arrepentimos de lo que sale mal. De lo que sale bien, nos alegramos toda la vida. A fin de cuentas, da igual que lo hayamos hecho sin pensar. Lo hecho, hecho está. Por eso, lo que realmente define nuestro carácter es el modo en el que aceptamos el acierto o asumimos el error. Aún recuerdo aquella vez en la que besé a quien deseaba besar tras un impulso irrefrenable. Podía no haberlo hecho, pero como lo hice sin pensar, fue un acierto. Durante un tiempo fue lo mejor que pude hacer. Pasado un tiempo y pensándolo bien, resultó que fue lo peor que pude haber hecho.

Sólo el tiempo determina si lo que hacemos está mal o está bien. Aunque a veces, ni siquiera es suficiente vivir una vida para darse cuenta de lo maravilloso y excelente que fue mientras duró lo que duró.

 

 

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