AMOR DE FOLLAMIGO

El otro día fue tu cumpleaños. Me acordé. Claro que me acordé. ¿Cómo voy a olvidar la fecha de tu cumpleaños? Pero no me dio la gana marcar tu número de teléfono para felicitarte. Me hiciste tanto daño que en lugar de llamarte a ti, llamé a un antiguo follamigo y me lo follé esa misma noche pensando en ti. Le hice en la cama todo lo que solía hacerte a ti en el día de tu cumpleaños, tal y como hice el año pasado cuando aún estábamos juntos.

Mientras yo se lo hacía a él y él me lo hacía a mí, no dejé de pensar ni un instante en que eras tú. Pensaba en tu lengua, en tus manos, en tus dedos… Recordé cuando me mordías los pezones, cuando abofeteabas mis nalgas y lamías mi entrepierna. Quise ver tu rostro en la cara de mi follamigo, pero no te hallé. Y mientras él clavaba su mirada en mí segundos antes de correrse, cerré los ojos y entonces recordé el gesto que ponías cuando estabas a punto de llegar al orgasmo y me pedías que abriera la boca. Eso fue precisamente lo que hice la otra noche mientras pensaba en ti. Abrí la boca, pero tú no estabas en frente. Era otro. Así celebré tu cumpleaños, de rodillas delante de alguien a quien apenas conozco del modo en el que llegué a conocerte a ti. Ése fue mi modo de desearte que fueras feliz en tu día, amiguito que Dios te bendiga, que reine la paz en tu día y que cumplas muchos más.

Cuando las velas de la tarta de nuestro amor se apagaron, también se apagó con ellas la llama de la pasión que sentía por ti. Una pasión que trato de encender un fin de semana sí y otro también follándome al primero que me recuerda lo caliente que me ponías, pero jamás consigo que sea igual que contigo. También suelo recordar nuestra pasión entre las sábanas mientras se la chupo a otros viejos follamigos que acuden a la llamada de mi mensaje de Whatsapp antes incluso de haber puesto el móvil en modo avión para no desconcentrarme cuando me lo hacen por detrás, tal y como a ti te gustaba.

Si te hubiera llamado el otro día para felicitarte por tu cumpleaños, la conversación que hubiésemos mantenido habría acabado en una cita en un bar, y la cita nos habría conducido a follar como conejos en mi casa o en el primer sitio que hubiésemos encontrado donde desnudarnos mutuamente. Por eso no quise llamarte, aunque las ganas de follar contigo no se me quitaron por no llamarte. Por eso a quien llamé fue al follamigo a quien me tiraba antes de conocerte. Antes de ti, me lo follaba por placer, por darle gusto al cuerpo, que para eso están los follamigos. Pero ahora, después de ti, me lo follo por venganza. Venganza por el daño que me hiciste. Me vengo de ti porque me amaste como nadie me amó nunca y dudo mucho que vuelvan a amarme. Y eso me duele y me dolerá siempre, especialmente cada día de tu cumpleaños, y también durante cada noche del resto del año.

Si no me hubieras amado como lo hiciste, en lugar de haberme follado a otro tío pensando en ti el día de tu cumpleaños, te hubiera llamado para que me follaras como sólo tú sabes hacerlo, como sólo alguien que ama sabe hacerlo. Pero soy débil y cobarde, aunque me engañe diciéndome constantemente que soy fuerte y valiente. Por eso no te llamé, porque no quiero que te des cuenta que sólo tú puedes amarme como quiero que me amen.

Me cago en la puta hora en la que te enamoraste de mí y en el puto amor que siempre lo jode todo.

 

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