LO INVISIBLE ES ESENCIAL A LOS OJOS

El autor de El Principito estaba equivocado y en lugar de decir “lo esencial es invisible a los ojos”, debió decir “lo invisible es esencial a los ojos”. ¿Por qué digo esto?, se estarán preguntando ustedes. Les respondo a continuación.

Leo en la sección de “Cartas al director” del periódico El País correspondiente al día 4 de abril de 2016 una misiva firmada por un tal Carlos Vargas Escobar que lleva dándome vueltas en la cabeza desde que la leí el lunes, de esto hoy hace 8 días. En ella, el señor Vargas da un repasito a los medios de comunicación de masas (no confundir el término “masa” con peso ni con sustancia, aunque un poco sustancia espesa sí que tienen) por ensalzar en demasía los méritos del fallecido futbolista Johan Cruyff (muy justificados, por otra parte) frente al no aprecio mostrado por el deceso de otra persona que, al igual que ustedes (supongo), tampoco conocerán como yo antes tampoco conocía.

El enfado del señor Vargas con la prensa (más justificado si cabe que los méritos del futbolista Johan Cruyff) viene dado por el poco aprecio que disponemos los españoles y españolas a quienes más aprecio nos disponen. En este caso, por el no aprecio mostrado por el gremio periodístico hacia el profesor FRANCISCO ESCOBAR DEL REY (lo pongo con mayúsculas porque se lo merece), quien falleció el 16 de diciembre de 2015 a la edad de 92 años. ¿Y quién era?, se estarán preguntando muchos de ustedes. Él y su mujer, GABRIELA MORREALE (también mayúscula mujer) han pasado más de medio siglo consagrados a la ciencia, a la medicina y al amor que profesaban el uno por el otro. ¿Y qué tiene eso de especial frente a la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo concedida a Johan Cruyff?, se estarán preguntando una vez más. Les respondo nuevamente. Tanto GABRIELA MORREALE como su marido FRANCISCO ESCOBAR DEL REY, fueron los precursores de un programa nacional de prevención infantil de la subnormalidad por hipotiroidismo congénito basado en la prueba del talón (todos los padres sin excepción sabrán a qué prueba me refiero) que permite el diagnóstico precoz y un tratamiento que, de no ser así, derivaría en el desarrollo inevitable de deficiencias mentales profundas en nuestros hijos recién nacidos. Según estadísticas médicas, este descubrimiento previene el retraso mental grave de unos 150 niños al año, tan sólo en España, ya que dicha prueba es casi universal. Una vez dicho esto, es comprensible el rebote del señor Vargas al no apreciar en ningún medio de comunicación de tirada nacional (excluyo a los deportivos que van a lo suyo) una extensa mención al fallecimiento de quien sin su ayuda, muchos de los niños nacidos a partir de mediados de los 70 (entre los que me incluyo) podríamos haber sido incapaces de escribir este artículo (en mi caso) o de leerlo (en el suyo). No hace falta ser padre, madre, tío, tía, padrino o madrina para tomar conciencia de lo que ha supuesto para nuestros hijos, sobrinos y ahijados el trabajo médico de la pareja MORREALE/ESCOBAR desde hace 40 años. Por esa razón, la noticia del fallecimiento del profesor ESCOBAR DEL REY debía haber ocupado la portada de todos los periódicos junto a la de Cruyff, aunque la de este último sólo en la prensa deportiva, que es lo suyo.

Tal y como dice el señor Vargas en su carta al director de El País, “si nadie conoce a los héroes que hacen todo lo posible por evitar enfermedades a nuestros hijos, ¿a qué héroes imitarán cuando sean adultos?”

Ahí lo dejo para que lo mediten mientras leen el Marca.

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