CUARENTÍN

Los humanos de género masculino plural que sobrepasamos los cuarenta en situación singular estamos relegados a sufrir en silencio una cuarentena de sexo y amor (por este orden).

El resto de seres inferiores en edad, y muy especialmente los infectados de pasión amorosa provocada por el hormonal virus «veinteañero», nos superan en cantidad y pluralidad. Los miembros de este colectivo numeroso se dirigen a nosotros despectivamente usando el término «cuarentón». Lo hacen como si la edad no fuera de su incumbencia, o si el hecho de mantener distancia temporal les previniera del contagio (que también puede ser). O quizá puede que lo hagan porque el adjetivo singular tiene un significado más pleno para ellos que cuando se emplea asociado al género masculino con más de cuarenta años de existencia. En mi caso singular, tengo sólo cuarentena y pico. Y como el pico es pequeño, prefiero el término «cuarentín». Prefiero el uso del diminutivo porque me previene a mí mismo de contraer los síntomas que manifiestan los cuarentones avanzados que son los que tienen un pico más grande que el mío.

No sé si existe o si se usa la palabra «cuarentín»,  pero la reclamo aquí y ahora para su popularización social y mediática. Aunque la digo con la boca pequeña, para minimizar el conocimiento masivo de que mi cuarentena dura más de cuarenta días. Pero que quede claro que no es el tipo de cuarentena que exige permanecer enclaustrado y apartado de cualquier contacto físico como si fuera un virus inoculado artificialmente. Es un confinamiento involuntario provocado por la invisibilidad que transforma la fisicidad del aspecto en etérea incorporeidad por el simple hecho de ser “cuarentín”.

Mi caso no es único. Conozco a más hombres “cuarentines” a quienes les pasa lo mismo. Y también a muchas mujeres. Es un efecto corolario de carácter genérico que afecta a más personas de las que se cree. Puede que incluso usted, sea uno/a de ellas.

Por eso, si alguna lectora “cuarentina” desea compartir posturas sobre los matices que existen entre los conceptos singular y plural, podemos concertar una cita para confirmar (entre gin-tonic y gin-tonic) que las diferencias de edad no existen. También hago un llamamiento a las “treintañerinas” quienes seguramente ofrecerán una visión más palpable del momento actual de su género.

Será un encuentro singular, por definirlo de un modo que todo el mundo entienda (incluso los “veinteañeros”).

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