LA SALUD ES LO PRIMERO (y lo único)

Estoy aprovechando estos días de confinamiento para hacer limpieza general en casa. Intuyo que usted estará haciendo lo mismo, si es que no lo ha hecho ya durante estos quince días que llevamos encerrados a cal y canto entre las paredes de casa (yo en la mía y usted en la suya, claro).

Al tratarse de un aislamiento obligatorio por razones sanitarias, he comenzado por la limpieza del botiquín (como no podía ser de otra manera). Todos los hogares en España que se precien de llamarse hogar, deben poseer un botiquín cuyo contenido ofrezca un abanico de medicinas que solucionen dolencias propias de ser adquiridas, desarrolladas y sufridas en el entorno doméstico. Por este motivo, y dependiendo del tipo de hogar en el que se habite, habrá botiquines con únicamente un blister de aspirinas y otros con antídotos a prueba de mordeduras de serpiente asiática. Todo depende de los hábitos del inquilino y del ecosistema donde se ubique el domicilio. No es lo mismo vivir en un ático en la Madison Avenue de Nueva York, donde el botiquín es un arsenal de ansiolíticos, analgésicos y calmantes, que habitar una cabaña de muros de adobe y techo de paja en medio de la selva costarricense más propensa a recibir visitas de ofidios y artrópodos.

En mi caso particular, como supongo que también es el suyo, ni lo uno ni lo otro. Por eso, en el botiquín de casa nunca hay bastantes vendas, jamás queda agua oxigenada suficiente y apenas hay píldoras para las penas porque nunca sabes cuando llegan y menos cuando se van. Por esa razón compro kilómetros de venda por si un día me cortase la yema de un dedo loncheando jamón, hago acopio de varias botellas de agua oxigenada por si hay que desinfectar el mismo corte, y nunca falta media docena de cajas de Diazepam de 5 miligramos y 10 miligramos (media docena de cada, quiero decir). Al final, el paso del tiempo convierte al botiquín en una pequeña-gran farmacia doméstica en la que hay de todo, para todos y para todo lo que pueda pasar aunque nunca pase nada de nada.

Llegado el momento de afrontar la limpieza de medicamentos, he decido conservar aquellos pasados de fecha. Nunca se sabe cuando volverá un dolor de cabeza que creía caducado para el que sea necesario tomar una pastilla que coincida con el origen de la dolencia. La salud es lo primero.

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