LA OCASIÓN LA PINTAN CALVA

El otro día, mi sobrina de 7 años me preguntó por qué se tira de la cadena si no hay cadena de la que tirar. Su aguda observación de niña prepúber hizo cuestionarme tantas cosas que daba por hechas y sabidas que ahora mismo me estoy dando cuenta de que no sé nada de nada y que tampoco sé si lo que sabía sirve para lo que creí que servía. 

Mi sobrina de 7 años también interrumpe las conversaciones de los adultos cuando tiene ocasión para saber por qué la ocasión la pintan calva si las calvas no se pintan en ninguna ocasión y bajo ningún concepto. 

Mi sobrina de 7 años siempre quiere saber por qué el saber no ocupa lugar si ni siquiera ella dispone de habitación propia en la que estudiar lo que se estudia en primer grado de primaria. Aunque estoy completamente seguro de que cuando alcance la mayoría de edad (o incluso antes) tendrá una habitación tan propia como propia es su opinión y de las mismas dimensiones que la habitación propia de Virginia Woolf.

Mi sobrina de 7 años vino al mundo cuando todo lo que existe en su mundo ya existía, por lo que no entiende que nadie entienda el mundo como ella necesita entender. Aún más, si poco o nada de lo que decimos los adultos existe todavía.

Y si no existe cadena de váter, ni calvas dónde pintar, ni ella tiene habitación propia, según el razonamiento de su corta edad, el mundo adulto tal y como lo vivimos a día de hoy es un absoluto fiasco. Y no le falta razón (al menos, yo se la doy siempre).

Juventud, divino tesoro. 

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